La victoria que puede obtener Cuba con sus vacunas es tan colosal que, con toda seguridad, tiene que haber encendido las alarmas en todas las agencias encargadas de promover la subversión en Cuba. El hecho de que en condiciones agravadas de bloqueo, de crisis económica mundial y en medio de una pandemia, un pequeño país sin grandes recursos naturales, haya podido producir dos vacunas con muy alto porcentaje de eficiencia y que en breve plazo pueda producir otras de igual o mayor efectividad, es ya de por sí un hecho sorprendente que ninguna campaña mediática puede ocultar.

Esta victoria será seguida de otra hazaña y otra victoria no menos importante, la vacunación en tiempo récord de la totalidad de su población, lo cual, a su vez, permitirá la recuperación económica, del turismo en primer lugar, y el regreso a la normalidad en todas las esferas de la vida social.

Pero la obtención de una tercera y enorme victoria está también escrita en la pared. Cuba, como ha hecho siempre, extenderá su mano solidaria para ayudar a otros muchos países hermanos con poco o ningún acceso a vacunas controladas por “Big Pharma” y para los cuales la ayuda de Cuba será cuestión de vida o muerte. Los éxitos de Cuba, de su sistema de salud, de su desarrollo científico, de su sistema socialista, no podrán ser ocultados, y el prestigio de la rebelde isla del Caribe crecerá exponencialmente.

Hasta ahora, los medios que ha utilizado el enemigo contra Cuba para entorpecer el manejo de la pandemia y la producción de las vacunas, aunque han hecho daño, no han logrado sus objetivos. En sus tanques de pensar deben estar reflexionando en cómo mantener el bloqueo y, en general, la hostilidad contra Cuba, después de las tres victorias que he señalado. Y sus sesudos analistas están seguramente ideando nuevos planes y métodos que permitan impedir los inminentes triunfos de Cuba.

He dicho otras veces que en el ajedrez político las autoridades cubanas están siempre tres jugadas por delante del enemigo y diez por delante de sus títeres, y estoy seguro de que ya están tomadas todas las medidas necesarias que garantizan la seguridad tanto de la producción como del almacenamiento y la distribución de las vacunas, así como para la seguridad personal de sus científicos. Pero el golpe lo intentarán no me cabe la menor duda. Por eso, no hay que dormirse en los laureles; hay que estar siempre alertas y con el dedo en el gatillo.