Los planes para calentar las calles en Cuba están muy lejos de marchar como esperaba la desesperada ultraderecha miamense. La ansiedad aumenta entre uno y otro conciliábulo ante las noticias de los éxitos de Cuba con sus cinco vacunas y la posibilidad de que comiencen a aliviarse las sanciones impuestas por la administración Trump. Ya no llaman como antes para consulta al padrino Carlos Alberto Montaner, pronosticador permanente durante décadas de una inminente caída del gobierno revolucionario, que venía de España a Miami a dar instrucciones, porque el pobre ya está chocho y nadie le cree; y los youtubers contrarrevolucionarios han agotado su repertorio de groserías, del cual disfruta un selecto «chat» de odiadores con retraso mental.
El problema de fondo es que tienen con que, pero no tienen con quien ni tienen como. Abundan los mentecatos pero faltan los pantalones, y de neuronas la carencia es total. La explicación en un plano más amplio es la eterna contradicción del gusi-mercenario: una relación inversamente proporcional entre la paga y el riesgo. En otras palabras, el gusi-mercenario solamente actúa cuando considera que la paga, aunque sea una migaja, es grande y el riesgo pequeño, pero nunca al revés. y, si no hay migajas, ¡ni hablar!. Son los mercenarios más baratos del mundo, pero no hay que exagerar.