LO HECHO Y LO QUE ESTÁ POR HACER

                                                                POR Jorge Gómez Barata

Una transformación social de la escala y la complejidad de la Revolución Cubana y la construcción del socialismo en Cuba que transita por varias etapas, involucra al conjunto de la sociedad e intenta reedificar la arquitectura y las funciones de la política, la económica, la cultura, la moral, incluso la fe, solo puede ser comprendida y conducida de modo integral.

Ese formidable conjunto formado por fenómenos estructurales y coyunturales de la trascendencia de la guerra revolucionaria, el liderazgo de Fidel Castro, la contrarrevolución, así como y la temprana y sostenida agresividad de los Estados Unidos, la alianza con la Unión Soviética y la adopción de su modelo político y económico, lo cual, durante treinta años permitió avanzar en el desarrollo económico y social y confrontar el bloqueo estadounidense abarca más de la mitad la historia de Cuba a partir de la independencia.

El colapso de la Unión Soviética fue demoledor para la Isla que, a partir de ese punto, se adentró en una crisis total con la cual ha tenido que lidiar básicamente sola y cuyas implicaciones económicas, ideológicas y políticas están aún vigentes. Bajo tales tensiones, Fidel Castro llamó a la resistencia y lanzó la consigna de: “Salvar las conquistas de la Revolución el socialismo”.

En aquel momento, Fidel comprendió que todo no podía salvarse y ante aquel mega proceso que provocó el mayor ajuste geopolítico desde la ocupación del Nuevo Mundo por las potencias europeas y dejó a la Isla a merced de un doble bloqueo, el líder de la Revolución no solo se abstuvo de sumar críticas, sino que descontinuó el esfuerzo de “Rectificación de errores y tendencias negativas que había iniciado a mediados de los años ochenta.

La comprensión de la complejidad del proceso cubano y la búsqueda de soluciones a varias crisis que se solapan e interrelacionan para formar una coyuntura tan dilatada como adversa, exige un enfoque integral, al que ahora se suma el inédito fenómeno de las redes sociales, Internet y otras innovadoras tecnologías que es preciso aprender a utilizar y a neutralizar.

Al examinar el desempeño de la actual administración cubana conducida por el presidente Miguel Díaz-Canel quien recibió un legado plagado de complejidades al que se sumaron eventos negativos, entre ellos la funesta administración de Donald Trump, es difícil encontrar motivos para la crítica a la labor realizada, incluso no tendría reparos en calificarla de eficaz y en algunos terrenos, como brillante, como es la administración de la pandemia.

En las últimas horas el Presidente de todos los cubanos, ha hecho lo correcto al comunicarse con el pueblo, ponerlo al tanto de la situación general y convocarlo para cerrar filas y acompañarlo en las importantes tareas que necesitan de su conducción. Entre las urgencias, sobresale la necesidad de neutralizar el auge de la pandemia, así como el no menos perentorio despliegue de las reformas aprobadas que contribuyan a reflotar la economía,  el auspicio del perfeccionamiento de las estructuras socialistas y la lucha contra el bloqueo de Estados Unidos, conjunto del cual depende el futuro del proceso político y de la nación.

Las tensiones y los eventos críticos, nunca paralizaron a la Revolución Cubana, sino que aceleraron su marcha, no repitiéndose, sino innovando. La proclamación del carácter socialista del proceso revolucionario el día más difícil, víspera de la invasión por bahía de Cochinos, es un botón de muestra tan dramático como aquel llamado para: “Convertir el revés en victoria”

De lo que se trata ahora, no es de ralentizar el paso para reagrupar las fuerzas o crear nuevos consensos, sino de hacerlo desde la marcha y aprovechar el momento para impulsar lo que falta por hacer, especialmente en la economía que, con urgencia debe abrirse a la pluralidad y a la búsqueda de la eficiencia usando fórmulas probadas, democratizar las instituciones estatales y políticas y promocionar el progreso social y personal a través de múltiples formas de creación de riquezas y su justa distribución.

La Revolución que según Carlos Marx no puede sacar su poesía del pasado, sino del porvenir. La Revolución no es un inventario de realizaciones, sino un haz de metas compartidas. Apoyar al presidente no es solo aplaudirlo por lo hecho, sino ratificar la disposición para acompañarlo en los tramos que es preciso recorrer ahora.

Aunque, según el propio mandatario Miguel Diaz-Canel, han aparecido revolucionarios confundidos o mal informados y ciudadanos con quejas legítimas, existen la vanguardia política y fuerzas sociales inmensamente mayoritarias con las cuales puede contar. Allá nos vemos.