Los niiños cubanos festejan el Día Internacional de la Infancia. El gobierno revolucionario salvaguarda el derecho de los más pequeños y ratifica el respaldo a las convenciones mundiales defensoras de los derechos de la infancia. Camagüey, el 1 de junio de 2018. ACN FOTO/ Rodolfo BLANCO CUÉ/sdl

Aquí hay que definirse

“¡Qué se vayan!”. “¡Asquerosos!” “¡Lárgate!” “¡Muérete!”. “Traidor”. “Defínete”. Eso es ahora. Aquí. En las redes sociales y en la calle. Pero antes fue igual. Cuando yo era un adolescente pasé por algo parecido en la Habana. Era la Cuba del 80 y la Isla vivía uno de aquellos períodos convulsos, de radicalización y extremismo (no fue la primera vez, ni la última).
Aquello devino en familias separadas y amistades rotas. Hombres y mujeres, que jugaron juntos de niños, se enseñaban los puños y se daban la espalda. Al igual que hoy, había que definirse. Esa “definición” dividió al pueblo cubano. Muchos de los que viven en Cuba hoy, o salieron del país después, lo recuerdan. ¡Cómo olvidarlo! Aquella época dejó una cicatriz dolorosa e imborrable en el alma de la Nación.
En aquel tiempo, mi madre y mi hermano se fueron del país. Yo, con quince años de edad, me quedé viviendo en Cuba. “¡Tienes que definirte!”. Aquella exigencia me persigue y me aterra. Es una pesadilla recurrente. Yo no me “definí” hasta después. Por muchos años, cuando intentaba “definirme”, terminaba lastimando a alguien o a mí mismo. Nunca he servido para escoger un bando. Me asfixian los extremos. No está en mí.
La Habana de los 80’s, con el paso del tiempo, volvió a la “normalidad”. Después de la tempestad viene la calma, aunque la calma siempre anida nuevas tempestades. Años más tarde, los que se habían ido, la “escoria”, los que tuvieron que sufrir mítines de repudio, regresaron y se abrazaron con aquellos que les tiraron huevos. Muchos de los “definidos” del 80, personas que increparon y aterrorizaron a los que se fueron, viven hoy en Miami. Allí están “redefinidos”; comunistas devenidos “gusanos”. ¡Las vueltas que da el mundo!
Mi viaje por ese sendero “indefinido”, surcó por muchos derroteros. En el 88 pasé un año de prisión en Cuba, por intento de salida. En el 91, en una suertuda balsa, por fin llegué a los Estados Unidos. De tanto andar, hasta en la guerra estuve. Pasé el 2004, entre humo y metralla, recogiendo despojos humanos en Iraq. Me otorgaron una “medalla Estrella de Bronce por el valor” (pero nadie sabe cómo lloré y cómo temblé de miedo). Me han llamado “gusano”, “comunista”, agente de aquí y de allá, muchas veces. Y siempre, siempre, siempre, me exigían y me exigen, “¡defínete!”.
Fue allí, en la guerra, en un oscuro rincón del mundo, donde encontré respuesta. En la batalla de Falujah; allí me definí. En un silencio precedido por explosiones ensordecedoras, un hombre emergió de los escombros. Era un civil atrapado en el fuego cruzado. Salió como de la nada. Fue tan ilusoria la aparición que no tuve tiempo de darle el alto. Cuando reaccioné ya él estaba frente a mí.
No dijo nada, traía en sus brazos un cuerpecito humano, mutilado e inerte. Era como si hiciera una ofrenda o un sacrificio. Entendí lo que pasaba al instante. Tomé los restos de aquel niño y, con delicadeza, como en un ritual sagrado, los coloqué en la camilla de la ambulancia. Luego abracé al hombre y lloramos juntos, callados, sin hablar. ¿Alguien sabe cómo articular los trocitos sangrientos e incompletos de un niño y darle sepultura? Sabrá Dios…
Allí me definí; en ese instante. Mientras abrazaba a aquel padre, abuelo, hermano, vecino, allí, como en un espejismo, se me apareció la Habana. En el Medio Oriente, con los ojos anegados en lágrimas, en una visión horripilante de futuro, se me apareció Cuba entera. Y después de muchos años, por fin llegó mi momento de definiciones. Supe en ese minuto exacto, del lado que yo estaba. Comprendí cual sería mi lugar y mi misión por siempre. ¡Con el inocente! ¡Con el castigado más allá de culpas!
Entonces no jodan más ni me pidan que me defina. ¡Ya yo lo hice! Estoy del lado de los niños cubanos. Y juré luchar para que aquel pandemónium de invasiones y bombas no descienda sobre los niños cubanos nunca.
Carlos Lazo
18 de julio de 2021