LA GUERRA SE TRASLADA AL CIBERESPACIO
Salvador Capote
La hostilidad anticubana que se genera en Miami adoptó en los últimos años nuevas y más sutiles formas. En esta nueva etapa el llamado «exilio histórico» parece no tener ya ni voz ni voto. Sus últimos representantes carecen totalmente de credibilidad y no son otra cosa que dinosaurios políticos en vías de extinción. La prueba es que a raíz del descomunal fracaso de provocar un estallido social en Cuba, el domingo 11 de julio, un ser despreciable como Otaola se dio el lujo, con la mayor arrogancia, de culpar, amenazar y chantajear a los congresistas cubano-americanos, asegurando en público que éstos le debían a él sus asientos en el Congreso de Estados Unidos. Han pasado ya varios días y ninguno de estos congresistas ha respondido, como correspondía, a lo expresado por Otaola.
Los adversarios que asumen el relevo, componen un grupo de emigrados cubanos que recibieron un alto nivel educacional en Cuba (que no agradecen) que les permite vivir ahora en Miami con un nivel de vida que no hubieran podido soñar siquiera si hubiesen llegado a este país sin hablar el idioma inglés, sin los conocimientos de computación que poseían y sin el bagaje intelectual que les proporcionó la Revolución y, por supuesto, si no fueran todavía útiles para la implementación de los planes hostiles contra Cuba.
Estos cubanos, que emigraron principalmente durante el período especial, desmoralizados por el derrumbe del campo socialista, frustrados al ver disminuidas en Cuba sus posibilidades de desarrollo individual, y sabiendo que poseían las capacidades (dadas por la Revolución) para aprovechar al máximo las oportunidades abiertas en Estados Unidos (para el robo en gran escala de cerebros), utilizan ahora sus conocimientos, como mercenarios, para atacar a Cuba. ¿Cómo lo hacen?
-El principal escenario de batalla se ha ido trasladando cada vez más al ciberespacio. Los primeros ensayos consistieron en organizar twittazos (comenzaron en noviembre de 2013) y otras formas de activismo en las redes sociales, y en dotar a los disidentes-mercenarios cubanos de los medios necesarios para utilizar la Internet y en especial las redes sociales con el fin de promover la subversión en la isla, asesorándoles técnicamente a fin de que pudiesen burlar los controles gubernamentales. El desafío era grande, pero no lograron otra cosa que contribuir, muy a pesar suyo, porque toda acción tiene su reacción, a acelerar el desarrollo en Cuba de las Ciencias Informáticas.
Pero se organizaron después para ir mucho más allá y se sumaron a la guerra cibernética contra la Isla diseñada en los tanques de pensar del imperio. Cómplices del golpe blando contra su país de origen, no saben ya que mentira inventar, que plan subversivo crear, mientras rivalizan entre los de su misma calaña por los fondos federales y desde la seguridad cobarde del ciberespacio.
Paradójicamente, sin embargo, no son estos aspirantes a integrar la elite intelectual de la guerra mediática contra Cuba, los que ocupan los primeros planos, pues, para su creciente frustración, las figuras más conspicuas, las más conocidas, las que se presentan como voceros, representantes y líderes de la contrarrevolución son “youtubers” o “influencers” semianalfabetos, amorales y de boca sucia. Desde el punto de vista ético no hay diferencia sustancial entre los dos grupos. Lo único que los distingue es que estos últimos saben expresar en forma más descarnada su odio visceral y son capaces de expresar cualquier disparate sin pudor alguno.