Las guerras no convencionales, serán vencidas convencionalmente

 

A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispensarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan.

Los que dirigieron las acciones subversivas del 11 de julio contra Cuba, están locos, desesperados que Estados Unidos, logre poner Internet de Banda Ancha en la isla, para poder seguir consumando el «plan maestro» es muy lamentable que volvamos a la guerra fría tradicional entre el norte (Goliat) y la pequeña Isla (David) Olvidan los asesores de Biden,   en su ceguera y analfabetismo crónico que los cubanos en medio del férreo bloqueo también dominan las nuevas tecnologías y en el orden de las comunicaciones posee respuestas contundentes para los agresores. NO LO DUDEN, la mayoria son jóvenes que no rebasan los 30 años.

Cuba y su gobierno de continuidad educado ejemplarmente, instruido, tiene capacidad para repeler  guerras de cuarta generación y vencerlas. Conocen perfectamente  que los objetivos  de la Fuerza de Tarea de Internet para Cuba desde EU busca anular el poderío militar dirigiéndose a su retaguardia civil para desestabilizarla, mediante acciones terroristas, mecanismos de guerra sucia y fomento de insurgencia.

Los estrategas de la comunicación en Cuba, que son muy buenos, capacitados y excelentes profesionales, que ha estudiado y dominan el ARTE DE LA GUERRA saben perfectamente que la victoria del adversario no se trata únicamente de ocupar territorios con un ejército, sino de hacerse con el dominio de la población civil que otorga el control del terreno. Los enemigos de más de 60 años están intentando eso, echarse en un bolsillo a la población cubana que en medio de una pandemia sufre por la enfermedad, la muerte de sus familiares y la aguda carencia de alimentos y medicinas.

Ofender y descalificar la labor del nuevo presidente cubano Miguel Diaz-Canel para minimizar su gestión ante el pueblo cubano está entre los principales objetivos de los diseñadores del macabro juego contra la valiente isla cubana, no por gusto Cuba aparece, después  Chile, como el segundo país más nombrado en los periódicos españoles  que expertos han analizado  (El Mundo, El País, La Vanguardia, y ABC), posesionar  a Cuba como incapaz de resolver sus problemas sociales son acciones que llevan tiempo, como gota de agua, para hacer un hueco en la opinión publica mundial, pero volverán equivocarse como pasó en Playa Girón y recibirán otra derrota de cuarta generación, tal como en abril de 1961. Porque no han sacado la cuenta que con el propio internet con esa arma que pretenden invadir las mentes del pueblo cubano, pudiera despejarse la oscuridad y la ignorancia sobre Cuba, latente en todos los Estados de Norteamérica.

Sólo quise hacer esta breve introducción  para darle paso al siguiente material del colega,  amigo y tocallo Carlos Fazio. Volveré.

Cuba vs. terrorismo mediático

El pasado 11 de julio Cuba fue el blanco de una renovada y sofisticada operación de guerra cibernética, que a la par de la campaña de intoxicación (des)informativa de los medios masivos cartelizados, de las noticias falsas (fake news), del uso de cuentas “influenciadoras” y de ONG como herramientas de infiltración en la sociedad, está dirigida a desestabilizar de manera caótica y violenta a la isla, y cuyo objetivo principal es justificar la injerencia militar de Estados Unidos bajo la pantalla de una “intervención humanitaria”.

Las acciones encubiertas de la administración Biden se inscribieron en el marco de la Guerra No Convencional (GNC) del Pentágono; una guerra irregular, asimétrica y de desgaste, que con eje en una “estrategia de espectro completo” abarca una política donde lo militar (incluidas operaciones sicológicas de inteligencia, guerra híbrida, ciberguerra, terrorismo, sabotajes), lo económico, comercial y financiero (el bloqueo y las sanciones y leyes de alcance extraterritorial como la Torricelli y la Helms-Burton) y lo cultural (el uso de la consigna “Patria y Vida” en contraposición a la simbólica frase de Fidel, “Patria o Muerte”), tienen objetivos comunes y complementarios.

Las guerras de cuarta generación requieren del control y la conversión instrumental de los medios (radio, TV, prensa escrita) en armas de la guerra sicosocial, en combinación con las redes informáticas (fibra óptica, cables, computadoras y dispositivos electrónicos para el tráfico y generación de información) utilizadas como herramientas para la difusión de matrices de opinión elaboradas en los sótanos del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia.

La dimensión humana es la esencia misma de la guerra irregular. Entender la cultura (identidad, valores, creencias, percepciones), así como los factores políticos, económicos y religiosos son cruciales para las actividades de subversión y espionaje. Desde 2007 la CIA consideró prioritario garantizar el acceso a Internet en Cuba sin el control del gobierno, y en 2011 engendró una red social clandestina similar a Twitter llamada ZunZuneo, impulsada por mensajes de texto para incitar a los jóvenes a manifestarse contra el gobierno como en la “Primavera Árabe”.

En 2018 se creó una Fuerza de Tarea de Internet para Cuba, subordinado al Grupo de Acción Política que forma parte del Centro de Actividades Especiales, una división de la CIA que realiza análisis basados en el big data y procesa perfiles de sujetos de interés. Ese grupo operativo contrata netcenters, cibersicarios y haters (hostigadores) que realizan campañas de descrédito cívico o de la reputación de personas mediante campañas de rumores y noticias falsas, y de la manipulación de materiales digitales, fotos, conversaciones grabadas, correos electrónicos y el robo de contraseñas para suplantar identidad.

Adscritos al “capitalismo de vigilancia” (Shoshana Zuboff) y al “gran reinicio” del Foro Económico Mundial, los ciberataques contra sitios web cubanos buscaban congestionar, bloquear y/o dañar los canales de comunicación; obtener información de valor y tomar el control de los servidores, y hacer colapsar la visibilidad y credibilidad del gobierno de Miguel Díaz-Canel y su capacidad para difundir información a través de medios oficiales respecto a la situación real en Cuba.

Inducidos por agentes provocadores (guarimberos que protagonizaron disturbios callejeros y tomas violentas de instalaciones para inducir a la policía a tomar acciones represivas que generaran la percepción de violaciones de derechos humanos), en las manifestaciones participaron sectores populares que sufren los efectos de la crisis de la pandemia, el bloqueo y las sanciones estadunidenses, y algunos revolucionarios inconformes y confundidos por la manipulación de las emociones en las redes digitales.

Activadas por la agenda política de la contrarrevolución, las manifestaciones fueron parte de una operación política y de inteligencia que incluyó llamados de odio y a cometer linchamientos y asesinatos, pero fueron precedidas por un planificado trabajo de socavamiento simbólico, que buscó erosionar las bases de los vínculos barriales y comunitarios, el sentido común y la moral y el entendimiento colectivos, bombardeados desde los medios masivos de transmisión de datos e imágenes.

Propia del terrorismo mediático y afín a los manuales de las “revoluciones de colores” (golpes suaves), la imagen que de manera intencional utilizó la ONG Artículo 19 para golpear al gobierno cubano, haciendo pasar una marcha en Egipto como si fuera en el malecón de La Habana, se sumó a las mentiras y manipulaciones de paraperiodistas y al uso intensivo de robots, algoritmos y cuentas recién creadas, en las que estuvo implicado el gobierno de EU a través de una campaña en Twitter, que contó con recursos multimillonarios y sofisticadas plataformas tecnológicas instaladas en territorio estadunidense −en particular en Miami, asiento de la industria de la contrarrevolución− y el apoyo de los senadores Marco Rubio, Ted Cruz y Lindsey Graham, republicanos, y Robert Menéndez, demócrata por Nueva Jersey.

Para incitar al “cambio de régimen”, la guerra cultural incluyó raperos, la industria de la música hip hop y sectores de la farándula cubana financiados por la Usaid y la Fundación Nacional para la Democracia −ambas tapaderas de la CIA− y fundaciones como la Open Society (Soros) y la Red Atlas. La etiqueta #SOSCuba y #CorredorHumanitario fue usada por mercenarios cibernéticos junto con la canción Patria y vida (en lenguaje orwelliano Anexión y Odio), catapultada por artivistas del Movimiento San Isidro como himno de manifestantes “espontáneos” que enarbolaban banderas de Estados Unidos.

La soberanía y la autodeterminación de Cuba deben ser resueltas por los cubanos. La historia demuestra que la guerra híbrida sólo se derrota con pueblo consciente movilizado. Quienes seguimos al proceso cubano desde la gesta del Granma, la guerra de liberación nacional de Fidel y los barbudos en la Sierra Maestra y el trabajo clandestino del Movimiento 26 de Julio, sabemos que hay que defender a la Revolución sin vacilación, confusión ni condicionamiento alguno. Por su historia, por la construcción de un socialismo a la cubana y por su labor internacionalista, Cuba es merecedora de apoyo y solidaridad. Nadie dude, que, como dijo Martí, “en Cuba son más los montes que los abismos: más los que aman que los que odian”. En el mundo también.

Tomado de: La Jornada