El presidente Diaz-Canel que, a veces con herramientas melladas, serena y eficazmente lidia con varias crisis a la vez, parece percatado de que, en algunas áreas se presentan grietas en el consenso social y trata de evitar que se conviertan en rupturas

LOS CONSENSOS SOCIALES

Los contratos sociales son compromisos entre partes, renovables y con fecha de caducidad. Ninguno es inmutable, eterno ni abstracto.

El concepto de Contrato Social, introducido en el pensamiento y la práctica política en el siglo XVIII por Jean-Jacques Rousseau, opera a escala del sistema y abarca el conjunto de las estructuras y relaciones sociales, erigiéndose en fundamento del estado de derecho en el cual se ejercita la acción social, se realiza la relación entre el capital y el trabajo, se intercambian mercancías, bienes e ideas, y se ejercen los derechos políticos y las libertades ciudadanas, todo lo cual conduce a la cohesión social. El Contrato Social es la base de la gobernabilidad democrática.

A pesar de la decisiva importancia de los fenómenos materiales, en las sociedades modernas los consensos sociales se forjan en torno a ideas. Ser cristiano es aceptar los cánones de la fe, como ser demócrata es asumir los preceptos de la democracia y ser socialista hacer prevalecer la justicia social. Estas estas y otras visiones se entrelazan y yuxtaponen para dar lugar a complicados acuerdos, algunos a escala planetaria y vigencia secular.

Lo que hace dominante al capitalismo no son sólo las riquezas y los bienes materiales que genera, terreno en el cual, en más de la mitad de los países ha fracasado al no poder impedir la pobreza, el hambre y el subdesarrollo. Se trata de una compleja combinación según la cual los opulentos suizos, la clase media americana y los pobres del tercer mundo asumen con válidas las mismas ideas y los mismos valores, lo cual da lugar a una cohesión sistémica, aunque precaria, valida.

Los comuneros de París, los patriotas mexicanos de 1910, el estado llano en la Revolución Francesa, así como los jóvenes estadounidenses que perecieron en Normandía y Guadalcanal, los pilotos británicos, los integrantes de la resistencia, los guerrilleros y los combatientes del Ejército Rojo que se inmolaron por millones en la lucha antifascistas, no lo hicieron por bienes ni prebendas, sino por ideas. Así lo hicieron también los que combatieron a las tiranías de Batista, Somoza y Pinochet y los que todavía se enfrentan al terrorismo.

Los consensos sociales asociados a tareas concretas y a liderazgos específicos, tienden a cumplir ciclos y con el tiempo y la aparición de nuevas realidades pierden vigencia y las consignas iniciales reducen su capacidad de convocatoria. Algunos procesos, como ocurrió con el socialismo real que incluso llegó a definirse a sí mismo como “irreversible”, quisieron creer que el Contrato Social que los hizo vigentes era inmutable y, al pretender mantenerlos sin cambios, pecaron de inmovilismo e incurrieron en autoritarismo.

En Cuba donde sesenta años de una Revolución permanente, caracterizada por una confrontación con el imperialismo vivida diaria e intensamente que conlleva sacrificios inmensos, ejercitando una resistencia calificada de “numantina”, se ha llegado a un punto de inflexión, en el cual junto al debut de nuevas generaciones y la renovación del liderazgo, con expectativas incumplidas y traumas como el colapso del socialismo real, plantea problemas sociales y políticos requeridos de nuevos e innovadores enfoques.

El presidente Diaz-Canel que, a veces con herramientas melladas, serena y eficazmente lidia con varias crisis a la vez, parece percatado de que, en algunas áreas se presentan grietas en el consenso social y trata de evitar que se conviertan en rupturas. “El socialismo, dejó dicho Fidel, necesita de las mayorías y no puede existir sin ellas”.

La tarea del momento es sobrevivir al bloqueo de los Estados Unidos, vencer la pandemia y mediante enérgicas, imaginativas e integrales reformas, reflotar la economía, perfeccionar las instituciones, desempolvar el discurso político, actualizar las prácticas ideológicas sintonizando con el presente tecnológico y cultural para formular un programa formado por metas alcanzables e ideas compartidas que proyecten el proceso al futuro.

De lo que en realidad se trata es de renovar el consenso social. La pregunta es: ¿Cómo se hace? De hecho, no hay recetas. Se necesita crear y recrear, sin repetirse. Al presidente, también primer secretario del Partido le corresponde indicar el camino, para lo cual además de continuidad necesita renovación. Obviamente es más fácil decirlo que realizarlo. No le faltará apoyo. Seguimos unidos. Allá nos vemos.