Por Arthur González.

Durante más de medio siglo los yanquis han empleado todos los métodos posibles para acabar con la Revolución cubana, incluso trataron de impedir su triunfo al afirmar el presidente Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, en diciembre de 1958 durante una sesión del Consejo de Seguridad Nacional: “Tenemos que evitar la victoria de Castro”; por eso continúan intentándolo sin resultados.

Con su odio enfermizo persisten en satanizar el sistema cubano, fabrican mentiras, noticias falsas y hasta supuestos líderes opositores carentes de cuórum, con el propósito de venderle al mundo una imagen distorsionada de la realidad en la Isla, pero la llegada de Internet les ha sido desfavorable a sus deseos, porque con ella la verdad se impone, a pesar de sus intentos por sembrar una matriz de opinión negativa.

Uno de las más recientes intentonas de los yanquis, es vender la idea que las autoridades cubanas “cometieron abusos” contra los que crearon disturbios el pasado 11 de julio 2021, financiando campañas e informes, como el realizado por la colaboradora de la CIA y el Departamento de Estado, la organización “no gubernamental” Human Rights Watch, quien asegura sin pruebas que: “El gobierno cubano cometió abusos de manera sistemática contra personas arrestadas por protestar en julio, como parte de un plan para reprimir a la disidencia”.

Pero la verdad no se puede ocultar por mucho tiempo y las mismas fotografías que exponen los diarios, al servicio de la estrategia anticubana diseñada por sus ideólogos yanquis, se encargan de demostrar la mentira, pues al ver el trato que reciben los provocadores cubanos se desmorona como fango al sol, al compararla a la que someten a verdaderos opositores en otros países del mundo, donde la policía está armada hasta los dientes, con trajes de guerra, utilizan gases lacrimógenos, camiones lanzando potentes chorros de agua fría y los disparos a matar están presentes, algo que no sucede en Cuba después de 1959.

Los periodistas que por un salario se dedican a escribir mentiras contra Cuba, deben sentir vergüenza por su falta de ética y violar los principios más elementales de la profesión que algún día estudiaron en las aulas universitarias, incluso en las cubanas, como es el caso de algunos que hoy trabajan en Miami, y al poner su cabeza en la almohada deben sentir que se han convertido en mercenarios de la pluma, al aceptar escribir falsedades incuestionables.

¿Dónde están las acusaciones contra Sebastián Piñera, por sus salvajes represiones contra el pueblo que exige cambios en ese sistema político en Chile? ¿Por qué no se condena a Iván Duque, presidente de Colombia, por las continuas masacres a los líderes sociales de ese país? ¿Cuál es el informe acusatorio de esas “preocupadas” de organizaciones de supuestos defensores de los derechos humanos, que siempre están prestos a escribir contra Cuba y no condenan a los verdaderos represores de sus pueblos?

Nunca Human Rights Watch ha escrito una sola letra condenando el maltrato de los negros estadounidenses y menos contra el tratamiento cruel y despiadado que reciben de los policías blancos, esos que asesinaron a mansalva a George Floyd. Tampoco reclaman que los otros tres policías implicados en su muerte sean juzgados y sancionados.

Los maltratos a los detenidos en Estados Unidos se ven en la televisión y la policía lanza sus autos contra los manifestantes para atropellarlos; sin embargo, de eso no hay una sola campaña de la prensa y menos de los periodistas mercenarios, porque saben que pierden el trabajo de inmediato si se atreven a condenarlo, como le sucedió al jefe de la policía de Miami, Arturo Acevedo, expulsado de su puesto solo por decir “que esa ciudad está dirigida por la mafia cubana”.

La libertad de expresión y de palabras no valieron para que el osado policía pudiera decir lo que piensa. De inmediato tuvo que pedir disculpas y ni así le perdonaron. Los que desde la capital de la mafia terrorista le exigen a Cuba permitir manifestaciones y expresiones contra la Revolución, no admiten que contra ellos se pronuncien de esa forma y quien lo haga sabe lo que le espera.

A ese jefe de la policía lo sometieron a un juicio de cuatro horas y media en el Ayuntamiento, delante de los comisionados de la ciudad de Miami, la mayoría de origen cubano, quienes determinaron su despido del cargo por haberse metido con la mafia que gobierna esa ciudad desde hace décadas, por supuesto que por emigrados cubanos frustrados por comerse el polvo de la derrota en la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, los malogrados planes de asesinato a Fidel Castro, la guerra económica y financiera, unido a los planes de terrorismo que no han podido derrocar a la Revolución socialista que tanto odian.

En vez de acusar con falsos argumentos a Cuba, Human Rights Watch debería investigar que pasa en Miami, en esa república bananera donde impera la ley del odio de la mafia anticubana, en la que los asesinos y terroristas viven libremente e imponen sus criterios con amenazas y chantajes a quienes intenten pensar diferente.

Los derechos humanos de los pueblos indígenas autóctonos de Estados Unidos, parece que no están dentro del libreto que debe cumplir Human Rights Watch en sus informes periódicos, pues el, Comisionado de Miami, Joe Carolo, se refiere a ellos despectivamente con términos racistas y no hay una sola condena para él.

En cuanto al informe acusatorio contra Cuba, lo desmienten las mismas imágenes publicadas en la prensa internacional, cumpliéndose el proverbio que dice: “vista hace fe”, porque en ninguna se observa agresividad, armas largas, ni porrazos.

No se equivocó José Martí cuando dijo:

“Contra la verdad nada dura”.