Tras finalizar la II Guerra Mundial, las naciones europeas occidentales y posteriormente la denominada Unión Europea quedó atada a las directrices y decisiones que le ha impuesto a lo largo de estos años Estados Unidos. 

Se ha convertido en una práctica irreversible que cuando Washington traza alguna línea contra un país que no le sea afín o desea alcanzar algún objetivo en el ámbito internacional, por descabellado que este sea, detrás aparece el apoyo de la Unión Europea.  

Durante la administración de Donald Trump y en los primeros meses de la presidencia de Joe Biden, Estados Unidos ha desatado una agresiva campaña político-económica contra la Federación Rusa, en un intento por detener la fortaleza que ha alcanzado esa nación euroasiática en diferentes sectores estratégicos después de dejar atrás el oscuro período que atravesó tras la desintegración de la Unión Soviética.

Uno de esos puntos de ataque estadounidense ha sido su oposición a la construcción del gasoducto Nord Stream 2 a través del mar Báltico que llevará ese preciado combustible desde la región rusa de Uts-Luga hasta la alemana Lubmin.

A un costo de 11 000 millones de dólares en cuya construcción han participado la empresa insignia rusa Gazprom y numerosas compañías occidentales, sus dos líneas de 1 234 kilómetros tienen la capacidad para transportar 55 000 millones de metros cúbicos de gas al año. 

Gazprom ya llenó el primer ramal y casi completó el segundo por lo que en pocos días estará listo para su explotación aunque se debe esperar por la aprobación de la comisión reguladora de Alemania y de la Comisión Europea.

Junto con su gasoducto gemelo, el Nord Stream 1 (puesto en ejecución en noviembre de 2011) permitirá elevar hasta 110 000 millones de metros cúbicos el suministro anual de ese combustible proveniente del gigante euroasiático.

Washington alega que Rusia utilizaría los suministros de gas como arma económico-política para ejercer presión sobre Europa pero la realidad es que Estados Unidos lo que quiere es venderle el combustible que extrae en su territorio con la técnica de fracking que es mucho más costosa, además de agregársele el gasto de transportarlo por barco.   

El gas estadounidense causa más daño a la ecología; la producción y transporte deja una huella de carbono entre 2 y 4 veces mayor que el transportado por tuberías. 

Otro país que se opone a la activación del gasoducto es Kiev que lo hace por su animadversión contra Moscú y por problemas económicos pues el gas ruso también llega a Europa a través de un gasoducto construido con anterioridad en territorio ucraniano y la puesta en servicio del Nord Stream 2 podría representarle una pérdida de 1 500 millones de dólares anuales por el servicio de tránsito.

La canciller alemana, Angela Merkel ha sido una de las impulsoras de poner en marcha el gasoducto mientras el presidente francés, Emmanuel Macron en recientes declaraciones al diario inglés Financial Times rechazó las insinuaciones de que Rusia es la responsable de los altos precios de la energía en Europa.

El presidente ruso, Vladimir Putin ha ratificado en varias ocasiones que su país esta dispuesto a enviar a Europa todo el gas que necesite y que si el ente regulador alemán diera la autorización, el combustible se enviaría inmediatamente por el Nord Stream 2.

Putin también señaló que ha sido un error la decisión de la Unión Europea de basarse en un mercado de energía inestable en vez de firmar acuerdos de suministros seguros con Gaztrom.

En la actualidad los precios del gas en Europa han aumentado en casi un 250 %. En septiembre en el mercado europeo de futuro ya se cotizaba a 950 dólares por mil metros cúbicos y en octubre llegó en ocasiones a sobrepasar los 1 000 dólares por esa cantidad.

Varias razones han sido las causas del encarecimiento como son: el aumento de la demanda mundial después de las restricciones ocasionadas por la pandemia; el frío invierno boreal del año pasado, que puso presión sobre los suministros y redujo los niveles de gas almacenado en el viejo continente; el aumento de la demanda en Asia de gas natural licuado.

Además, los servicios de electricidad europeos dependen en gran medida de los precios del gas a lo que se une la falta de acuerdo entre los Estados miembros y de la Comisión Europea para tomar medidas reguladoras conjuntas para la compra de gas.

El presidente ruso explicó que debido a que los integrantes de la última composición de la Comisión Europea, propusieron precios de mercado para el gas, algunos países del viejo continente están pagando ese combustible a precios altísimos, mientras los que firmaron contratos con Gazprom lo reciben en cerca de 220 dólares.

Después de toda esta explicación cabe preguntarse: ¿Continuará la Unión Europea siguiendo al pie de la letra los dictados de Estados Unidos de tratar de impedir la inauguración final del Nortd Stream 2, u optará por realizar, para bien de sus habitantes, una política económica más independiente de Washington?