El pasado día 15 de noviembre de este año 2021 había sido la fecha escogida por los dirigentes de la Contrarrevolución cubana, pagada y orientada por el gobierno de Estados Unidos, para realizar en todo el territorio cubano una “Guarimba” multitudinaria, que decían sus organizadores seria pacifica, pero con intenciones de violencia irrefrenable de cientos de miles de cubanos, que saliendo a las calles de pueblos y ciudades de la isla, provocaría el colapso del gobierno revolucionario cubano para restaurar el viejo sistema político- económico y social que había mal gobernado al país como una semi-colonia norteamericana desde 1902 hasta el triunfo revolucionario de primero de enero de 1959.
Estamos en presencia de “Una crónica de una revuelta callejera anunciada y fallida”, como la calificaría, de estar vivo en estos tiempos de cólera, Gabriel García Márquez, el escritor por excelencia y gran amigo del pueblo revolucionario cubano. Porque cuando el presidente de Estados Unidos Joe Biden calificara al gobierno cubano como “Un Estado fallido”, lo que estaba reflejando en sus palabras era un retrato futurista de la derrota que le vendría encima para anotarle en su expediente político la vergüenza de un fracaso comparable al que sufriera en abril de 1961, el también mandatario Demócrata John F. Kennedy, en las arenas cubanas de Bahía de Cochinos. También Kennedy había heredado de un gobierno Republicano el plan de la CIA de de Playa Girón.
Biden ha sido victima de la arrogancia que ha caracterizado siempre a los presidentes de Estados Unidos a través de la historia, con muy pocas excepciones . La soberbia ignorante en el poder. Considerar que el “Coloso del Norte” tiene un destino manifiesto que le abroga el “Derecho de Pernada” para violar la soberanía de pequeñas naciones, sin tomar en cuentas de que, a cada Goliat del planeta, le pueda salir al encuentro un pequeño David con su onda libertadora que le hará morder la vergüenza de una derrota humillante y segura.
Lo cierto es que el plan de esta “Revolución de Colores” fue concebido bajo la administración Republicana de Donald Trump. Debe haber sido idea de Steve Bannon, el fascista consejero presidencial de Trump, como había sido también idea suya el “Golpe de Estado” del seis de enero del pasado año 2020, con la toma del Capitolio por una “Guarimba” multitudinaria y agresiva de fanáticos trompistas que pretendieron ese día ,impedir la ratificación del Demócrata Joe Bien como presidente legítimo de Estados Unidos de América.
El plan de la administración de Trump contra Cuba quedó en la mesa presidencial de la oficina oval de la Casa Blanca. Allí se lo encontró Biden una vez que tomó posesión de su cargo presidencial, conjuntamente con el pliego de las crueles medidas dictadas contra Cuba por Trump y que formaban parte del siniestro plan “Guarimbero” concebido por Bannon para derrocar al gobierno cubano a manera de regalo-premio a la extrema derecha cubana de Miami, que le había dado su apoyo fanático al mandatario Republicano en su intento de reelección presidencial.
Torpe y mala idea de los funcionarios encargados de la política exterior del nuevo gobierno Demócrata- Blinken secretario de Estado y Jack Sullivan consejero de política internacional-el de seguir adelante con los planes contra Cuba de Trump, en la absurda pretensión de que con una imaginada multitudinaria “Guarimba” callejera se derrocaría al gobierno revolucionario de la isla, de manera de que el presidente Biden obtendría dos beneficios significativos en su favor.
Uno sería el de conquistar el voto de la extrema derecha cubana para el Partida Demócrata y su reelección presidencial. Y otro el de lograr para su legado político en la historia, lo que otros tantos presidentes norteamericanos anteriores no habían podido conseguir: Reconquistar a Cuba para el decadente imperio norteamericano.
No lograron ni lo uno ni lo otro. Se dejaron llevar por el mismo camino tortuoso que nada más que conduce a humillantes derrotas, porque no tomaron en cuenta la decisión irrevocable del pueblo cubano de vivir en un país libre y soberano, sin tutelas extrañas de imperios decadentes , ni dirigidos por políticos corruptos al estilo de los que hoy gobiernan en el Miami de la contrarrevolución.
El cadáver de esa contrarrevolución está insepulto en las calles de Cuba por más que digan que seguirán adelante en el intento. Le toca enterrarlo al presidente Demócrata Joe Biden.
Es su última oportunidad para rectificar errores bochornosos que han manchado su nombre. De no hacerlo, lo harán los cubanos revolucionarios de la isla con el apoyo moral de todas las naciones y pueblo del mundo.
El pueblo cubano ya dijo su verdad. No quiere vuelta al pasado. Desea paz y amistad con todos y para el bien de todos. Inclusive buenas relaciones con Estados Unidos, a pesar de la mala voluntad de sus ignorantes políticos de sueños imperiales.
El presidente Biden ahora tiene la palabra. “Alea jacta est”. La suerte está echada.