Podríamos preguntarnos, ¿qué futuro les depara a los millones de personas pobres en este mundo desigual con la constante subida en los precios mundiales de los alimentos?

¿Podrán resolverse los graves problemas alimentarios que padecen millones de personas mientras se mantenga una globalización deshumanizada?  

La realidad es que si muchos gobiernos, con apoyo de organizaciones internacionales, no toman una posición política para poder llevar a cabo programas económicos-sociales en apoyo a las grandes mayorías necesitadas, la situación continuará agravándose. 

A finales de 2020 entre 720 y 811 millones de personas se levantaban sin saber si iban a comer ese día, asegura un informe títulado El estado de la Inseguridad alimentaria en el mundo 2021, realizado en conjunto por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

La UNICEF va más allá al explicar que a finales del pasado año, el hambre se disparó en términos absolutos y relativos al superar el crecimiento de la población, lo que significa que el 10 % de los habitantes del planeta sufrieron inseguridad alimentaria, frente al 8,4% en 2019. 

Las zonas más afectadas por este flagelo fueron Asia con 418 millones; África, 282 millones y América Latina y el Caribe con 60 millones.

Para esclarecer la profundidad de este desastre humano, la UNICEF explica que la cifra es mayor cuando, además de los que no tuvieron una alimentación suficiente, se incluyen a los que no lograron una nutrición adecuada, por lo cual el número de afectados se eleva a 2 300 millones de personas, un 30 % de la población mundial. 

Máximo Torero Cullen, jefe economista de la FAO asegura que “este es el pico más alto de hambre y desnutrición crónica que hemos encontrado por lo que se ha perdido todo lo recuperado hasta 2015”.

La pandemia de Covid 19 ha jugado un rol catastrófico en este retroceso pues se perdieron millones de puestos de trabajo; al incrementarse la crisis económica los gobiernos redujeron los programas sociales; aumentaron los desahucios y miles de personas perdieron sus casas; se redujeron la producción industrial y la agrícola con la consecuente elevación de todas las mercancías, entre otros problemas. 

Ahora los 2 300 millones de personas subalimentadas del orbe, (con perspectivas de sumárseles otra gran cantidad) deberán enfrentar una grave situación: el aumento indiscriminado en los precios de los alimentos.  

La FAO señaló que por tercer mes consecutivo en octubre los precios mundiales de los alimentos subieron y alcanzaron su máximo nivel desde julio de 2011. 

Añadió la organización que en el décimo mes del año el índice de los precios internacionales de una canasta de productos alimenticios, registró un promedio de 133,2 puntos, un 3,9 % más que en septiembre.
Con respecto al mismo mes de 2020 el incremento fue de 31,3 %. Este índice escaló a su nivel más alto desde julio de 2011 ante un alza de la cotización en los mercados de los cereales y los aceites vegetales.
Por un problema o por otro, todos los cereales promediaron un 3,2 % más que en septiembre y un 22,4 % por encima del nivel de hace un año. El trigo lo hizo en 5 % debido a la reducción de las cosechas en los principales países exportadores: Canadá, Estados Unidos y Rusia.
Los aceites vegetales, explica la FAO, tuvieron en octubre un alza en sus precios del 9,6 %, el nivel más alto de todos los tiempos, motivado por el fortalecimiento de las cotizaciones de los de palma, soja, girasol y colza.
Los lácteos se elevaron 2,2 %, sobre todo la mantequilla, la leche desnatada en polvo y la leche entera en polvo, mientras que las carnes descendieron un 0,7 % en octubre aunque se sitúa un 22,1 % por encima del valor en el mismo mes de 2020.

Para la doctora Sirika Kulkarni, fundadora y fideicomisaria de la Fundación Raah con sede en Bombay, India, “el alza de precio de los alimentos está causando desnutrición, hambre y muchos otros desafíos relacionados con la salud para las comunidades más pobres”.

Por su parte, representantes del gigante internacional de alimentos, Kraft Heinz, advirtieron que “la gente tendrá que acostumbrarse a precios más altos de los alimentos como resultado de la inflación generada después de la pandemia”. Claro, una respuesta sencilla para quienes especulan con el hambre de miles de millones de personas.

Es cierto que existen muchos desafíos como las consecuencias del cambio climático, la deficiente disponibilidad de agua, deterioro de los suelos y en los últimos dos años, los efectos negativos económico sociales provocados por la pandemia.

Pero como se conoce, antes de la aparición de la pandemia de coronavirus, el planeta ya se enfrentaba a una desigualdad extrema donde dos centenares de personas controlaban la misma cantidad de riqueza que los 3 500 millones más pobres del planeta.

Definitivamente hay que dar un vuelco a los sistemas políticos imperantes en este mundo pues lo que hace falta es una globalización solidaria que ayude a los millones de  necesitados del orbe.