LA MUERTE RONDABA EN GUAYAQUIL (1)

Salvador Capote  

La secuencia perfecta de acontecimientos demuestra que el brote epidémico de dengue en Cuba en 1981 fue provocado artificialmente. Veamos:

1975: El virólogo norteamericano Dr. Charles Henry Calisher viaja a Cuba para recoger información acerca de la inmunidad de la población a las distintas cepas del virus del dengue, comprueba la existencia en una parte pequeña de la población cubana de anticuerpos para DEN-1 y la ausencia de anticuerpos para DEN-2, y regresa a Estados Unidos con esta excelente información utilizable por planificadores de agresiones biológicas.

1977: Se desata una epidemia en Cuba con DEN-1.

1979: En el XV Congreso Internacional sobre el Océano Pacífico, el coronel Philip Russell comunica que Estados Unidos es el único país que había obtenido una variedad del mosquito Aedes aegypti estrechamente asociado con la transmisión del dengue 2 (DEN-2).

1981: Epidemia en Cuba con DEN-2 y la combinación produce la forma hemorrágica.

1984: El terrorista cubano-americano Eduardo Arocena confiesa su participación, junto a otros de su calaña, al servicio de la CIA, en la introducción del dengue y en otras acciones de la guerra biológica contra Cuba.

La condición principal para que surja una epidemia de dengue hemorrágico es que una parte importante de la población haya sufrido con anterioridad una infección primaria con alguno de los tipos de dengue, digamos dengue tipo 1 (DEN-1). La forma hemorrágica aparece en personas que adquieren una infección secundaria con otros tipos de dengue (DEN-2, por ejemplo).

Cuba respondió reforzando su sistema de vigilancia epidemiológica, la investigación científica y su sistema de salud. Con la experiencia adquirida ayudó posteriormente, y continúa ayudando, a numerosos países del Tercer Mundo.

 A finales de 1988 se desató una fuerte epidemia de dengue en Guayaquil. No lo sabíamos entonces pero investigaciones posteriores sobre la seroprevalencia del virus señalaron que en 1988 circularon en Ecuador los DEN 1, 2 y 4; el DEN-3 apareció en el año 2000; es decir que, en 1988 Ecuador se enfrentó a tres serotipos del dengue y, en el año 2000, a los cuatro. La presencia de varios serotipos genera mayor riesgo de morbomortalidad, debido a la mayor posibilidad de infectarse en segunda ocasión por un serotipo diferente. Esto da lugar a la aparición de formas clínicas graves, con extravasaciones plasmáticas que implican hospitalización, cuidados intensivos y, en algunos casos complicados, la muerte. 

Curiosamente, la epidemia de dengue surge por primera vez en Ecuador en 1988, justamente cuando el candidato de Izquierda Democrática, Rodrigo Borja, había ganado las elecciones, había prometido algunas reformas y, sobre todo, había tenido el “atrevimiento” de invitar a la inauguración de su mandato al presidente Fidel Castro.

Amigos de Cuba que vivían en la vibrante ciudad costera me llamaron alarmados porque, según ellos, miles de personas estaban infectadas y se estaban produciendo numerosas muertes. Como pensé que exageraban hice mis propias averiguaciones y comprobé que la situación era peor que lo que me habían descrito. 

Debo señalar que el virus más letal no es con frecuencia el más escogido en la guerra biológica. La fiebre del dengue es una de las enfermedades llamadas incapacitantes. La epidemia se extiende con rapidez a cientos de miles de personas pero causa relativamente (subrayo esta última palabra) pocas víctimas, siempre que se produzca en un país como Cuba, debido a la calidad de sus servicios médicos que cubren gratuitamente a toda una población con alto nivel educacional, aunque el estrago que causa esta forma sutil de ataque en la economía, en el sistema de atención hospitalaria y en la capacidad combativa de la población crea condiciones ideales para los intentos de desestabilizar gobiernos o producir cualquier tipo de acción hostil. Lamentablemente, el sistema de salud vinculado a las diferencias de clase social, y las pésimas condiciones sanitarias existentes, en aquella época, en los barrios más pobres y poblados de la, aún así, muy hospitalaria ciudad del Guayas, eran muy diferentes a las que existían en Cuba.

Como la situación era grave, urgente y tenía connotaciones políticas muy importantes, envié un informe directamente al Comandante en Jefe a través de la Embajada de Cuba en Quito. Esto sólo debía hacerse en circunstancias especiales y aquella era, sin duda, una de ellas. La respuesta no se hizo esperar y, al día siguiente, me llamó por teléfono el Dr. Héctor Terry, Viceministro de Salud Pública y de reconocido prestigio internacional en la especialidad de Epidemiología, para avisarme que Cuba enviaría un avión a Guayaquil transportando una brigada médica y todo lo necesario para combatir la epidemia, que el gobierno ecuatoriano había aceptado la ayuda, y que debía viajar a Guayaquil para ayudar en las coordinaciones necesarias.

Viajé a Guayaquil, donde se respiraba un ambiente de temor ante el avance incontenible de la epidemia. Al frente de la Brigada, compuesta por 95 miembros, venía el Dr. Figueredo, con amplia experiencia en Epidemiología, y estaba compuesta por espcialistas en diversas ramas de la medicina, técnicos, y 75 sanitarios. Estos últimos venían equipados con excelentes motomochilas de fabricación japonesa, y el avión transportaba, además, tanques de insecticidas suficientes para fumigar a toda la ciudad.