EN BOLIVIA  

Salvador Capote 

Es posible que el país de América Latina donde mayor número de niños salvaron sus vidas gracias a Fidel y a la Revolución Cubana, sea Bolivia.

En los años ochentas, Cuba donó a Bolivia una sala infantil de terapia intensiva que fue ubicada en el Hospital del Niño de la Paz, y posteriormente otras dos en Cochabamba y no recuerdo que otra ciudad. 

La sala de terapia infantil estaba a cargo de especialistas cubanos que entrenaron a los bolivianos hasta que éstos últimos tuvieron la preparación necesaria y los cubanos pudieron regresar a nuestro país. En poco tiempo, el prestigio de los médicos cubanos creció como la espuma. En Bolivia se decía: “Sólo hace falta que tu hijo llegue vivo a donde están los cubanos; si llega vivo se salva, porque allí no se muere nadie”.

Sin embargo, no faltaban quienes miraban con suspicacia el trabajo de los médicos cubanos. Aquellos aparatos electrónicos, con sus extrañas lucecitas intermitentes, despertaban sospechas, y un general boliviano, acérrimo enemigo de la Revolución Cubana, hacía declaraciones a la prensa acusando a Cuba de tener montado un centro de espionaje, y se basaba en el hecho de que, detrás del Hospital del Niño, se encontraba el cuartel principal del ejército boliviano.

Tuve la curiosidad, en varias ocasiones, de mirar por las ventanas de la sala, y lo que siempre vi fue a reclutas aprendiendo ejercicios elementales de infantería. No sólo los médicos cubanos no estaban allí para espiar a nadie sino que no había absolutamente nada que espiar.

Quiso la suerte, o el destino, o la providencia, o lo que fuere, que un hijo del general enfermó gravemente y los médicos bolivianos le dijeron que necesitaba cuidados intensivos. El general les dijo que podía disponer de un avión militar para transportar a su hijo a un hospital en Brasil, pero los médicos bolivianos le aseguraron que no llegaría vivo. “¿Qué puedo hacer entonces? -preguntó el general. “Su única opción es la sala de terapia intensiva de los cubanos; y no se preocupe, a ellos no les interesa quién es usted; sólo les va a interesar cómo pueden salvar a su hijo”.

El general llevó a su hijo con los cubanos, y lo que para él fue milagro y para los médicos cubanos rutina, se realizó. De acérrimo enemigo, el general se transformó en amigo agradecido.

¿Cuántas vidas, a través de los años, ha salvado Cuba en Bolivia?. Pienso que son miles, en su mayoría niños y, no tengan la menor duda, esa semilla de amor sembrada por Fidel, germinará, crecerá y, más temprano que tarde, florecerá.