Es una institución pública, interactiva, que tiene como propósito fundamental estudiar y difundir el pensamiento, la obra, la vida y el ejemplo del líder histórico de la Revolución Cubana foto: cortesía del centro
Es una institución pública, interactiva, que tiene como propósito fundamental estudiar y difundir el pensamiento, la obra, la vida y el ejemplo del líder histórico de la Revolución Cubana Foto: Cortesía del centro

Sencillamente no podían haber sido otros, sino ellos, los niños, con esa capacidad tan original que tienen para transmitir sensaciones y pintarnos con palabras el mundo, los que asumieran la misión de dejar inaugurado el Centro Fidel Castro Ruz; aún más, si se trataba de la compañía infantil La Colmenita.

A fin de cuentas, los niños también fueron a las plazas y avenidas durante aquellos últimos días de noviembre de 2016 para decir, junto al pueblo, no adiós, sino un hasta siempre, Comandante. Y ese sentimiento de continuidad es, precisamente, el mayor legado que pudo habernos dejado Fidel, un legado que no se perpetuó en calles, esculturas o monumentos –tal como él quiso–, sino que vive perenne en Cuba toda, en su gente, en la voluntad de echar adelante este país.

Es por ello que el Centro no es lugar de veneración ni de sublimes homenajes. Es una institución pública, interactiva, que tiene como propósito fundamental estudiar y difundir el pensamiento, la obra, la vida y el ejemplo del líder histórico de la Revolución Cubana.

Foto: Estudios Revolución

Su creación está respaldada en la decisión de la Asamblea Nacional del Poder Popular de aprobar, en diciembre de 2016, la Ley No. 123 «Sobre el uso del nombre y la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz», donde se autorizó, por excepción, el empleo de su nombre para denominar alguna institución que tuviera un objetivo como el antes descrito.

Equipado con alta tecnología, el Centro Fidel Castro Ruz abre sus puertas a todos los públicos. La entrada, aseguró su director René González Barrios, es gratuita, y para acceder deben programarse con antelación las visitas, ya sea de forma presencial o a través de nuestro sitio web y teléfonos habilitados, aunque siempre trataremos de priorizar el acceso de niños, adolescentes y jóvenes.

Pensando en ellos, hemos diseñado también algunas de las áreas, como la Biblioteca Sierra Maestra, la sala multipropósitos La Plata o el área interactiva Birán, añadió.

«En esta última, podemos encontrar el jeep descapotable que utilizó Fidel en los primeros años de la Revolución para moverse por el país, transitar entre las multitudes y en el que, incluso, recibió a Jefes de Estado de países amigos».

Además del jeep original, hemos montado un simulador para que el visitante pueda sentir como si realmente estuviera manejando el auto del Comandante, aseguró González Barrios. Asimismo, habrá un simulador del yate Granma que recreará la expedición, desde Tuxpan hasta playa Las Coloradas, y más de 40 juegos didácticos que actualmente desarrolla Cinesoft.

La biblioteca, por otra parte, armoniza lo tradicional y lo moderno, pues la primera planta, por ejemplo, no tiene libros, solo computadoras, y el acceso a la información del centro llega a través de su web, acotó el director.

«En las áreas del jardín también están distribuidos 50 bancos, que tienen puertos usb, lo cual le permitirá a las personas cargar sus equipos y conectarse a la wifi del Centro».

La intención, comentó, es que desde cualquier lugar de la instalación el visitante pueda interactuar, aprender, acceder a la información que brindamos. Incluso, nuestra web ofrece el servicio de visita virtual integral, accesible tanto para Cuba como el mundo, aseguró.

Otro elemento destacable, señaló, es que el diseño de la instalación ha tenido en cuenta las necesidades de desplazamiento de las personas con discapacidad física y, en tal sentido, se han creado facilidades de acceso, como rampas, barandas y elevadores, en las diferentes locaciones.

No se trata de un museo ni de la casa de Fidel ni de un centro de altos estudios…, es mucho más que todo eso, aseguró, por otra parte, el jefe de la Oficina de Preservación de Patrimonio del Palacio de la Revolución, Alberto Alvariño Atiénzar. Hemos apostado por una concepción integral, de ahí que se defina como una institución pública, moderna, con alta tecnología, para de esta manera estimular la información y el conocimiento, sostuvo.

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En este Centro nada es casual, ni siquiera el nombre de las áreas. Cada denominación está cargada de simbolismo y vinculada estrechamente a Fidel, a su impronta, desde el barbudo en la lucha guerrillera hasta el Jefe de Estado, el orador excepcional, con la capacidad visionaria de ir al futuro y regresar para contarnos.

Así encontramos, por ejemplo, la sala transitoria Cinco Palmas, que en esta ocasión abrirá con una exposición fotográfica dedicada al Comandante en Jefe, pero desde una mirada más intimista, desde el hombre común que se sienta a tomar un helado o se recuesta en un sillón a leer un libro, nos relató González Barrios.

«Son imágenes, muchas inéditas, que nos llegan del lente de fotógrafos que acompañaron los inicios de la Revolución y donde sobresalen nombres como Alberto Korda, Liborio Noval, Raúl Corrales y Roberto Salas».

También está el anfiteatro Turquino, que será el espacio para promover lo mejor de la cultura cubana, desde obras de guiñol y teatro, hasta conciertos para jóvenes, que nos hablen de Cuba y su historia.

En las áreas exteriores, indicó, se encuentran, además, el bosque cubano, con más de 161 especies oriundas, el bosque internacional, y el área agroecológica Primer Frente, que presta especial interés a los proyectos que Fidel emprendió en los últimos años de vida, como el estudio de los beneficios de la moringa, la morera y la sacha inchi, entre otras plantas.

En total son más de 11 000 plantas, y a través de los kioscos, distribuidos a lo largo del área, que son como pequeños pedestales con una pantalla táctil, los visitantes podrán obtener información científica e histórica sobre cada una de estas especies, detalló.

Entre el jardín y la casa, se ubica el salto de agua, una especie de cortina que cae sobre rocas que fueron traídas de la desembocadura de los ríos La Plata y Carpintero, en la Sierra Maestra.

En el caso de la imprenta El Cubano Libre, aunque se trata de un pequeño taller gráfico, nos dará la independencia para mantener publicaciones propias del Centro, como el boletín que tendrá frecuencia mensual, una revista cuatrimestral y los cuadernos que saldrán una vez al año, apuntó.

Además, dijo, aquí se publicarán los libros sobre el Comandante en Jefe, resultado de las investigaciones que se acometen en la institución, así como otros que aborden la personalidad de Fidel y sean de nuestro interés.

Resulta igualmente atractiva la propuesta de reproducir con tecnología 3d y a pequeña escala objetos como la torre de la Plaza de la Revolución, o bustos de héroes y próceres de Cuba: Martí, Maceo, Camilo, el Che, Mella…; estarán todos, menos el de Fidel, haciendo cumplir su voluntad de evitar cualquier asomo de culto a la personalidad, comentó.

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La casa con el número 707 de la calle 11, en el capitalino Vedado, ya cuenta por sí sola una historia. Esta vivienda data del siglo XIX y se construyó abarcando parte de las parcelas de la manzana delimitada por la Avenida Paseo, la calle paralela a, y las transversales 11 y 13.

Esos lotes de tierra, cuenta el Director del Centro Fidel Castro Ruz, pertenecían a Francisco Frías y Jacott, mejor conocido como Conde de Pozos Dulces, quien se los vendió a una familia de apellido Conill, de origen catalán, que fabricó la referida casa en el año 1894.

«La mansión, habitada por la familia Hidalgo de Conill, fue una de las sedes más importantes de la burguesía habanera, y aquí concurría lo más selecto de la sociedad capitalina y no pocos ilustres visitantes extranjeros.

«Entre sus propietarios también estuvo Enrique Conill Rafecas, quien participó en la Guerra de Independencia de 1895, donde alcanzó el grado de Capitán del Ejército Libertador y fungió, además, como ayudante del General Rafael Rodríguez, en el Estado Mayor de Máximo Gómez».

Según González Barrios, el edificio se destacó desde sus inicios por la novedosa decoración de la fachada, con marcada referencia a los patrones neoclásicos.

Un dato curioso, resaltó, es que la carpintería exterior que hoy se muestra es la misma del siglo XIX, una obra posible gracias al esmero y la dedicación del equipo de restauradores que intervino en este proyecto, y cuyo resultado es apreciable también en la recuperación de los vitrales y de la escalera original, que conduce al segundo piso del Centro, entre otros elementos.

Al triunfar la Revolución, la familia dueña del inmueble abandonó el país y, a lo largo de los años posteriores, la vivienda tuvo diferentes usos, siempre vinculados a funciones del Ministerio del Interior, acotó.

Pero, ¿por qué se escogió esta casa y no otra? Ante la pregunta, el director del Centro cuenta que fueron varias las opciones que se presentaron al Grupo de trabajo, pero que desde un inicio el doctor Eusebio Leal Spengler se decantó por esta vivienda.

«Las razones no eran pocas. El inmueble se encontraba en el Vedado, corazón de la capital, con una altura prudente sobre el nivel del mar, cercano a la Plaza de la Revolución y, coincidentemente, era esta una de las rutas de tránsito diaria del Comandante. Por si fuera poco, al frente, cruzando la calle, se encuentra la única Casa de abuelos que fundó Fidel».

Por su dimensión, agregó, esta instalación posibilitaría todo lo deseable en el presente y el desarrollo futuro de la nueva institución, incluidas áreas propias, en exteriores, y para el esparcimiento de los niños, los jóvenes y del resto de los públicos.

Sin embargo, el inmueble se encontraba tan deteriorado que el destino pronosticado por muchos era la demolición total, expresó.

«La casa había permanecido a merced del deterioro por los usos transitorios y el tiempo transcurrido, y pocos creían que podía ser restaurada. Pero Leal sí confió en la posibilidad. Él nos propuso hacer esta obra de rescate patrimonial, y que el resultado final se convirtiera en una lección para los restauradores cubanos y de otros países.

«Leal ofreció las fuerzas de proyectistas, arquitectos, ingenieros, diseñadores y constructores de la Oficina del Historiador, para llevar el peso fundamental en la condición de inversionista. Más allá de la integración en el Grupo de trabajo o de su responsabilidad como asesor, prefirió mantenerse detrás de la obra y, desde allí, contribuyó en todo lo necesario».

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En la casa patrimonial hay nueve salas expositivas. Recorrerlas es sentir a Fidel a cada paso, como si te toparas, «sin imaginarlo», con algo que lo trae una vez más al presente.

Nada transcurre desde la imposición, sino que lo encuentras en los pequeños detalles que van marcando el camino, como en los rombos del techo de la sala Maestro y discípulo, que forman los grados del Comandante en Jefe, y van bajando en forma de columnas. Estas columnas, a su vez, tienen un sensor de presencia y al detectar la cercanía del visitante, se encienden; por un lado, aparece grabada una frase de José Martí, y por el otro, una de Fidel.

Se trata de un nexo, indisoluble, que acompaña el recorrido del visitante por el Centro. En ocasiones es más visible, como en el vitral donde las figuras del Apóstol y del Comandante parecieran yuxtaponerse, fundirse, pues uno se convierte en otro y así, sucesivamente; en otras, se advierte a través de un verso o del ejemplar de las obras de Martí, que Fidel leyó y estudió durante su permanencia en el reclusorio nacional para hombres de la entonces Isla de Pinos.

La sala Cuba es, por otra parte, el espacio más protocolar y también la única que preserva en su interior el diseño original que tenía el inmueble en el siglo xix, sostuvo González Barrios.

Aquí, agregó, se expondrán las principales condecoraciones internacionales que recibió el Comandante, así como otros regalos que le fueron otorgados en vida y que Fidel donó a museos, pues consideraba que los había recibido en su papel de representante del pueblo cubano y que, por ende, no le pertenecían.

Entre ellos, hay una escultura de El Quijote, una de las piezas que más estimó el líder de la Revolución, quizá por la metáfora cervantina de los molinos y gigantes, y la lucha constante de nuestro pueblo por superar obstáculos y construir una sociedad mejor.

También hay un busto de Fidel, el único que se exhibe en la instalación, y que le fue regalado por el presidente de China, Xi Jinping, durante su última visita.

En otra de las salas, Fidel en el tiempo, se relata mediante imágenes y galerías interactivas la vida del líder, tal cual una línea del tiempo, que nos

conduce al Fidel niño, adolescente, universitario, guerrillero en la Sierra Maestra, Jefe de Estado, político, hombre de pueblo…

Asimismo, podemos ver la guayabera que usó cuando se postuló como representante a la Cámara, por el barrio de Cayo Hueso; uno de los uniformes militares que acostumbraba usar al triunfo de la Revolución; sus trajes de gala, su camisa de campaña y otras prendas personales. De igual forma, tal cual una remembranza, a través de parabanes y pantallas se recrean los principales hitos de la Revolución y la presencia del líder en cada uno de ellos.

La sala La palabra, por su parte, nos muestra al Fidel orador y escritor. Hay un atril, micrófonos y una pequeña pantalla táctil que le permite al visitante seleccionar qué fragmentos de los discursos del Comandante desea escuchar. Entonces, los televisores que se ubican al frente, aparentemente dispersos, se «convierten» visualmente en uno solo y aparece el barbudo, nuestro gigante, hablando, guiándonos…

También están ahí, en vitrinas, un par de espejuelos y la pluma con que escribió muchas de sus conocidas reflexiones, además de un estante con una selección de libros, en otros idiomas, publicados en el mundo sobre Fidel.

Son nueve salas y cada una tiene su propia magia. La armonía que se crea entre historia y tecnología, sobriedad y sencillez, luz y memoria, nos conduce, de forma natural, a encontrarnos con el Comandante en cada ocasión de una forma diferente. Así lo vamos redescubriendo también en sus facetas como estratega militar, internacionalista, incansable luchador por las causas justas.

Por ejemplo, la sala Solidaridad, apuntó González Barrios, tiene como peculiaridad mostrar la solidaridad que Cuba ha brindado al mundo y también la recibida. Destacan los sucesos de Chernobyl, la primera misión médica cubana en Argelia, la Operación Milagro de rehabilitación oftalmológica, el programa de alfabetización Yo sí puedo, hasta una instantánea de Fidel donando sangre.

Aclaró que hay muchísimo más, por eso se ha dispuesto un mapa que, a través de cilindros, que representan a los diferentes países –y que contienen pequeños chips instalados–, puede visualizarse en una mesa táctil toda la información sobre las visitas de Fidel a naciones hermanas, ayudas solidarias y otros datos de interés.

Por otra parte, dijo el Director del Centro, la sala Guerrillero hace un recuento del pensamiento militar del Comandante, desde la preparación para el asalto al cuartel Moncada, la prisión en Isla de Pinos, la epopeya de la Sierra Maestra, la lucha contra bandidos, hasta las misiones internacionalistas militares, en las que Cuba brindó su apoyo a movimientos de liberación nacional, así como la concepción de su pensamiento de la guerra de todo el pueblo.

Aquí también hay una reproducción en pequeña escala del yate Granma, y está el uniforme de campaña de Fidel, su mochila y una réplica exacta de las botas que usó, confeccionadas por el mismo zapatero. También se conserva, detrás de la vitrina, su fusil akm, el que lo acompañaba a todas partes, su gorra verde olivo y sus grados de Comandante en Jefe con el rombo rojo y negro, la estrella y las ramas de olivo.

Mediante imágenes y tablets táctiles, en la sala Fidel es un país, el visitante puede conocer la relación del líder con los problemas sociales y cómo, al triunfo de la Revolución, fue dando respuesta a la situación de la tierra, la salud, la educación, la vivienda, la industria, etc.

Asimismo, se logra visualizar en grandes pantallas interactivas aquellos lugares de nuestro archipiélago que, luego del 1ro. de enero de 1959, visitó el Comandante, tanto por provincias como por municipios. Una base de datos, reconoció González Barrios, que seguirá creciendo, «porque el Centro es perfectible y todavía hay mucho que no sabemos de Fidel, y las propias visitas a la instalación pueden aportarnos información de manos de quienes estuvieron ahí, compartiendo con él y son testigos de esa historia».

En este propósito de registrar la vida y obra de Fidel han contribuido, igualmente, ministerios, institutos, organizaciones, medios de comunicación masiva y otras entidades, que hicieron un levantamiento y registro de la información original en su poder vinculada con el Comandante en Jefe, lo que nos ha permitido compilar impresos, fotos, grabaciones de audio y video, destacó.

En el caso de la sala Comandancia, que parte del criterio de que la comandancia de Fidel era cualquier lugar en que estuviera, reseña, no obstante, los principales sitios donde dirigió operaciones estratégicas, como el hotel Habana Libre, Cojímar, Calle 11 y el punto 0, entre otros.

Por último, la sala Fidel es Fidel es, quizá, la más pequeña del Centro, pero aunque suene contradictorio es también la más profunda, porque se extiende a través de la piel, de las emociones.

Al apagarse las luces, de las paredes surgen voces, rostros, palabras… Son pequeñas cápsulas de videos que recogen impresiones de personas que hablan de Fidel, de su obra, de lo que significó para ellos, de cuánto caló en el alma de la gente.

Algunos de esos rostros pueden ser conocidos: personalidades de la cultura, del deporte, la política; otros son gente común, de pueblo. Pero al final, los une lo mismo: el respeto, la admiración, el amor por un hombre excepcional que, sin embargo, sabía bien que la grandeza va más allá de cualquier calificativo, pues como decía José Martí, y él mismo citaba, «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz».

No obstante, resulta difícil no buscar una frase o un recuerdo que lo traiga a nuestro presente, porque Fidel es Fidel, y sí, es uno solo, insustituible, pero Fidel también es Cuba.

Foto: Ricardo López Hevia
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