El 25 de abril de 2019, cuando al timón de un camión articulado circulaba por la autopista I-70, en las inmediaciones de Denver, Colorado, el joven hispano, Rogel Aguilera-Mederos fue eje de un lamentable accidente. Según se conoce, el vehículo perdió los frenos y no pudo ser controlado proyectándose a unos 136 km/h, contra una fila de 28 autos que se encontraban detenidos.

El chofer de la poderosa máquina de 18 ruedas y unas 20 toneladas de peso (vacío), cargado con madera, no pudo o no supo realizar las maniobras requeridas para evitar el accidente o mitigar las consecuencias. Entre otras cosas se le imputó no utilizar alguna de las rampas auxiliares que son espacios al lado de las vías, rellenos con grava en los cuales, el vehículo se hunde, produciendo un efecto de frenado, tampoco utilizó el freno “Jake Brake” un mecanismo retardador que utiliza la fuerza del motor para reducir la velocidad.

El fatal accidente provocó considerables daños a la propiedad, ocasionó la muerte a cuatro personas y dejó varios heridos; constituye por tanto un grave delito, por el cual al conductor se le imputaron 28 cargos, cuatro de ellos de homicidio, reconocidos por el chofer que colaboró con las autoridades y los peritos. A su favor tuvo el no poseer antecedentes criminales y no haber ingerido bebida alcohólica ni droga alguna.

Aunque la fiscal adjunta del condado de Jefferson, Kayla Wildeman sostuvo que de haber tomado mejores decisiones el chofer pudo haber evitado o atenuado el hecho, lo cierto es que el conductor no tuvo conciencia de los desperfectos del vehículo hasta el momento del desenlace catastrófico.

Según el abogado defensor, James Colgan, Aguilera-Mederos no tenía razones para pensar que los frenos de su equipo no estaban funcionando hasta que trató de cambiar a una marcha más baja, percatándose de la catastrófica avería, momento en que intentó detener el camión, pero no pudo y la rampa más próxima estaba ocupada.

En el juicio quedó probada la responsabilidad penal del acusado por lo cual, basándose en una disposición que data de los años cincuenta, denominada “Mínimos obligatorios”, el juez de la corte de distrito, Bruce Jones, impuso a Aguilera-Mederos una sentencia de 110 años de prisión. El magistrado fue sincero: “…Si tuviera la discreción, esa no sería mi sentencia”

Los “mínimos obligatorios” son un recurso técnico al que se acudió para procurar equilibrio entre sentencias por delitos de la misma entidad y evitar la discrecionalidad de los jueces. La norma obliga a imponer una pena mínima idéntica en todas partes. Según el Centro Brennan de la Escuela de Derecho de Universidad de Nueva York, el objetivo de la norma que fue promover la uniformidad de las sentencias en los casos de drogas y otros delitos que siguen cierto patrón, se convirtió en un esquema excesivamente rígido y dejó de ser eficaz.

Por añadidura, en Colorado, las leyes establecen que la condena mínima para algunos delitos sea de 10 años y señala que se cumplan de manera consecutiva. Al encontrar a Aguilera-Mederos culpable en 20 cargos y sumarlos, la condena se elevó a 110 años. En este caso el juez, los fiscales, los jurados y los defensores coincidieron en que la sentencia era injusta. A ellos se sumaron organizaciones de derechos humanos, juristas, periodistas y la opinión pública. Una petición de clemencia fue apoyada por más de 4.600.000 firmas.

La reacción unida a la actitud del joven que asumió su responsabilidad y se solidarizó con los familiares de los fallecidos, heridos y con los afectados, favorecieron la presencia del gobernador de Colorado Jared Polis quien invocando una ley que obliga a atender demandas de la opinión pública, intervino.

   Ante la evidente desmesura de una condena sin precedentes en los Estados Unidos, el gobernador no se complicó en consideraciones jurídicas y utilizando sus facultades, redujo la condena de 110 años a diez. Como cualquier otro reo, una vez cumplida la mitad de la pena, el joven cubano podrá optar por la libertad condicional.

El país y las autoridades estaduales fueron consecuentes con los miles de trabajadores, camioneros hispanos y estadounidense que todos los días, a todas horas, azotados por los vientos, sofocados por el calor o abrumados por las nieves y bajo el acecho de las situaciones impredecibles de su oficio, cruzan las carreteras de la nación sirviendo a todos y ejerciendo con humildad una profesión de alto riesgo.

Esta vez, el sistema con todos sus elementos: policías, jueces, fiscales, defensores, prensa, opinión pública y el gobernador funcionó para, sin impunidad ni excesos, hacer justicia. Ojalá siempre, en todas partes, sea así. El mundo sería un mejor lugar para vivir. Gracias gobernador. Allá nos vemos.