Terminó el “San Remo Awards Cuba 2022”, que tuvo lugar en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional y se acompañó de conciertos en el Club 500 y en los jardines del Hotel Nacional entre el 5 y el 11 de abril. Este San Remo habanero, que formó parte de una gran fiesta para celebrar la amistad entre Italia y Cuba, terminó exitosamente a pesar de presiones económicas para evitar la participación de artistas extranjeros invitados, y de la insidiosa campaña mediática dirigida a sabotear su realización, en la cual no podían faltar, por supuesto, los elitistas pseudointelectuales apátridas del libelo La Joven Cuba. Este grupúsculo de mercenarios, que representa lo más abyecto y servil al servicio del imperio, se pregunta con el mayor descaro “¿Qué razón de peso habría para adoptar una ‘secuela criolla’ de un supuesto evento europeo, en lugar de aprovechar para potenciar una de las marcas cubanas?”. ¿Será que estos plumíferos, tarifados de la NED, tan preocupados ahora por lo autóctono, no han leído el ensayo “Nuestra América” de José Martí?. El festival habanero, desbordante en cubanía, cumplió cabalmente con el imperativo martiano: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”. ¿Cómo enriquecer nuestra cultura y nuestra identidad si rompemos nuestros vínculos con la cultura universal?.  El Dúo Iris, ganador del primer premio, llega como brisa fresca y vivificante dentro de la canción cubana. 

No existe un solo evento artístico en Cuba, sea de música, de danza, de cine, de artes plásticas, de teatro, o de cualquier otro tipo, que no reciba, desde que se anuncia, los más absurdos y delirantes ataques tanto desde los medios corporativos tradicionales como de sectores de las redes sociales al servicio de los enemigos de la Revolución. Estos ataques evidencian que la guerra que se lleva a cabo contra nuestra patria es no sólo económica, comercial y financiera, sino también, y en gran medida, cultural. Porque el enemigo sabe que es nuestra cultura el sólido sostén de nuestra soberanía, y que el legado ético y moral recibido de nuestros antepasados, que forma parte principalísima de esta cultura, nos singulariza como pueblo y nos convierte en paradigma para el resto de la humanidad. Mientras conservemos la fortaleza de este legado el enemigo lo pensará muchas veces antes de agredirnos militarmente.

El régimen socialista establecido por la Revolución eliminó radicalmente el hegemonismo cultural capitalista en Cuba y sus secuelas de analfabetismo y severas distorsiones estructurales y funcionales. Este se ejercía al poseer la clase dominante (oligarquía dependiente y servil a los intereses del imperio) los medios de producción, distribución y comercialización de los bienes culturales; al poseer o controlar los principales medios de comunicación e información; al ocupar los cargos de dirección y asesoría en las escasas y mal dotadas instituciones culturales; al determinar las materias y los contenidos de éstas a impartir en todos los niveles de la enseñanza, tanto públicos como privados; al tener la capacidad para dirigir los fondos públicos hacia las áreas de su interés, para subsidiar personas y organizaciones privadas y, con mucha frecuencia, para su malversación y apropiación ilegal; al utilizar la cultura y los bienes culturales como mercancías; al aprovecharse de la capacitación técnica y profesional y de los descubrimientos científicos, financiados con fondos públicos, para subsidiar la acumulación capitalista; al legitimar hipócrita y demagógicamente su hegemonía fundando organizaciones aparentemente no lucrativas, mediante programas de ayuda filantrópicos y caritativos, y construyendo algunas gigantes obras de infraestructura que enriquecían aún más a la clase capitalista pero beneficiaban a quienes podían utilizarlas; al aplicar,  cuando lo estimaba conveniente, las herramientas de censura y represión contra el surgimiento de voces y movimientos adversos al sistema.

El imperialismo no tiene límites en sus afanes de dominio. Si no lo detienen, no cesa hasta lograr el control absoluto de todo lo que vemos, oímos, decimos, hacemos y pensamos; nos dictará lo que debemos comprar, vestir, comer, etc., y no quedará satisfecho hasta que los victimizados acepten, como parte del orden natural del universo, su condición de víctimas, y los oprimidos agradezcan al opresor por permitirles vivir de las migajas que reciben. Dominará, en fin, todos los aspectos de nuestra vida social, incluyendo nuestra espiritualidad.

Para esta guerra debemos estar siempre preparados. La mejor defensa de nuestra cultura es enriquecerla permanentemente, elevando cada vez más el nivel intelectual, artístico, científico, técnico, pero sobre todo político, de nuetra población, divulgando el conocimiento de nuestra historia y preservando nuestras tradiciones. La cultura es el borde delantero de nuestra defensa. Porque la verdadera soberanía se alcanza no sólo cuando la tierra es nuestra tierra y el gobierno nuestro gobierno, sino cuando la cultura es nuestra cultura y ésta es, al unísono, captación y síntesis maravillosa de todo lo mejor de la cultura universal.