“La exclusión carece de sentido porque la presencia de Cuba en eventos de esa naturaleza está acordada, ratificada por dos cumbres y endosada por dos presidentes de Estados Unidos. Es cosa juzgada”

 

La fórmula “cosa juzgada”, existente en derecho, evita que un mismo asunto sea conocido más una vez, como ocurre en las acciones de Estados Unidos contra Cuba.

Oficialmente las intervenciones de Estados Unidos en los asuntos de Cuba comenzaron el 19 de abril de 1898 cuando su Congreso adoptó una Resolución Conjunta en la cual estableció: “El pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente…” a tenor con ella, el 25 de abril declaró la guerra a España y tras derrotarla, ocupó la Isla, hasta 1902 cuando permitió la proclamación de la independencia y evacuó sus tropas.

En aquel proceso que, coyunturas aparte, había sido básicamente constructivo, en 1901 la administración de turno incurrió en una inexplicable e innecesaria arbitrariedad al aprobar la Enmienda Platt, una legislación estadounidense que se impuso a la Isla mutilando su independencia y convirtiéndola en la primera neocolonia del mundo.

En 1959 triunfó la Revolución Cubana, que promovió reivindicaciones legítimas incordió a los Estados Unidos que desde el primer momento se mostró hostil. El 3 de enero de 1961 rompió relaciones diplomáticas con el Gobierno revolucionario y el 16 de abril del propio año lanzó la invasión militar por bahía de Cochinos.

La extraordinaria conflictividad de las relaciones bilaterales, en lo cual influyó el contexto de la Guerra Fría y la Alianza de la Isla con la Unión Soviética, el 31 de enero de 1962, en la Octava Reunión de Cancilleres de la OEA, la entidad, actuando como Ministerio de Colonias de Estados Unidos, acordó la “Exclusión del gobierno de Cuba del Sistema Interamericano”.

Casi 50 años después, en 2009, en el contexto de cambios en la situación internacional, incluida la desaparición de la Unión Soviética y la modificación de la correlación de fuerzas en América Latina, la administración de Barack Obama y Joe Biden, consideró obsoleta la política estadounidense hacia Cuba y tomó nota del proceso de cambios impulsado por el presidente Raúl Castro y admitió que la XIX Asamblea General de la OEA, derogara la Resolución que había separado a Cuba y la habilitó para el reingreso la organización, derecho que conserva, aunque, hasta ahora, no ha ejercido.

Aquel mismo año se efectuó la V Cumbre de las Américas que marcó un hito en las relaciones de los Estados Unidos, con América Latina cuando el presidente Barack Obama anunció: “…Un nuevo comienzo”, admitiendo que su país había incurrido en “Equívocos”. En el evento varios líderes latinoamericanos reclamaron que la Isla fuera convocada a lo cual, una vez levantada la sanción en la OEA, tenía derecho.

Como quiera que en la VI Cumbre de las Américas efectuada en 2012 no se concretó la acción, los presidentes de Ecuador y Nicaragua, no asistieron. En 2015 el gobierno de Panamá invitó a Cuba a la VII Cumbre de las Américas, lo cual no fue objetado por los Estados Unidos. En el evento estuvo presente el presidente Raúl Castro que alternó con Barack Obama. En 2018 bajo la administración de Donald Trump, la isla fue nuevamente convocada.

Comentando el llamado de atención realizado por el canciller Bruno Rodríguez acerca de la posible exclusión de Cuba de la IX cita pactada para Los Ángeles, en privado y a título personal, un funcionario latinoamericano me comentó: “La exclusión carece de sentido porque la presencia de Cuba en eventos de esa naturaleza está acordada, ratificada por dos cumbres y endosada por dos presidentes de Estados Unidos. Es cosa juzgada”. Allá nos vemos.