Primero, siempre… el ser humano

El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez se personó más de una vez en el lugar de los hechos y planteó que: lo más importante, lo urgente, es atender a las personas

Poco tiempo transcurrió desde que el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se despidiera, en la mañana de este viernes, de los pobladores de El Tejar, en el barrio de Husillo perteneciente al municipio de Marianao, hasta que llegase a las inmediaciones del Hotel Saratoga, en La Habana Vieja, donde a media mañana –casi a las 11– se produjo una terrible explosión que ha cobrado vidas y ha dejado el saldo de decenas de lesionados.

Ante un escenario devastador y que olía a quemado, donde el hermosísimo rostro del Saratoga se había convertido en un amasijo de columnas y paredes deformes, el Jefe de Estado –acompañado por los miembros del Buró Político, Manuel Marrero Cruz, primer ministro; Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central, y Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular– conversaba con dirigentes del Partido y del Gobierno en la capital, así como con autoridades del orden interior y de Salud Pública.

Preguntaba detalle a detalle, intercambiaba, recordaba la necesidad de informar a la población y de actualizar todos los datos posibles acerca del siniestro.

Ya la triste noticia se había expandido veloz por todos los espacios comunicacionales, y con la evidencia del doloroso suceso, también toda la avalancha de suposiciones e incertidumbres que, inevitablemente, acompaña a una información tan impactante y en desarrollo.

Por eso, ante un grupo de periodistas que, pasado el mediodía, ya era bien nutrido, Luis Antonio Torres Iríbar, primer secretario del Partido en la capital, declaró: «Estamos hablando de forma preliminar, aproximadamente a las 11 menos cinco surgió una explosión, y esa explosión condujo a una situación de derrumbe».

Los bomberos, los grupos de salvamento y rescate, la Cruz Roja, trabajaban «arduamente para tener toda la información de lo que puede estar sucediendo y poder rescatar en el menor tiempo posible a las personas atrapadas.

Luego de intercambiar con los allí presentes, el mandatario cubano tomó rumbo al Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.

El siguiente punto fue el Hospital Universitario Clínico Quirúrgico General Calixto García. Los pasillos internos del centro asistencial eran una verdadera vorágine; el mandatario entró a más de un recinto; a los médicos y paramédicos pidió darlo todo: «Hay que salvar a nuestra gente», dijo.

A la salida del emblemático Hospital Calixto García, Díaz-Canel ofreció declaraciones a la prensa: «En ningún caso ha sido una bomba, ni ha sido un atentado, como ya salieron medios internacionales de manera muy perversa a confundir y a tergiversar. Ha sido, sencillamente, un accidente lamentable, muy lamentable».

También valoró: «Se actuó muy rápido por parte de los bomberos y de toda la fuerza especializada». Lamentablemente, enfatizó, tenemos personas fallecidas, y los hospitales están en función de la atención a todos los lesionados.

Dijo que seguían trabajando en las actividades de rescate para después poder evaluar los daños y ver qué tratamiento lleva la estructura del hotel, detalló.

«Lo más importante –recalcó el mandatario– es permitir que los médicos, los paramédicos, las fuerzas de rescate, las fuerzas del orden interior puedan desempeñar su papel, junto con los bomberos».

Volvió el Presidente Díaz-Canel a las inmediaciones del Saratoga. Allí hurgaba en cada detalle, juntaba toda la información. El sol que daba fuerte era ya el de la tarde. Desde horas antes habían comenzado a encadenarse, como la intensidad del astro, las voluntades de muchas personas, de hombres y mujeres, de jóvenes que habían hecho explícita la decisión de tender el brazo y dar la sangre necesaria a los hospitales.

Las redes, consternadas, amplificaban imágenes y mensajes de dolor. Otra vez el Presidente Díaz-Canel compartió reflexiones al filo de las seis de la tarde, cuando los partes confirmaban que había 18 fallecidos –17 adultos y un niño–, y 64 lesionados.

Lo primero: atender a las personas. Fue el mensaje central de las declaraciones del mandatario. Y esa filosofía fidelista, según la cual el ser humano está en el centro de todo –necesitando compañía o irradiando creación y esfuerzo–, es algo de alivio en medio del dolor, de tanta pérdida que no va a paralizarnos, sino todo lo contrario: nos compulsa a rehacer lo que se nos deshace, y a seguir, con las heridas adentro, y nuestra inmarchitable tozudez, dibujando cada mañana los horizontes de una faena que busca parecerse al hombre, y hasta mejorarlo.

No fue una bomba (el Saratoga en 50 imágenes)

No suele ver Cuba sucesos de este tipo. No está acostumbrado el pueblo cubano a atestiguar incidentes nefastos como este que ha derribado al Hotel Saratoga, debido a un accidente

Autor: Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu

6 de mayo de 2022 15:05:57

Explosión en el Hotel Saratoga Foto: José Manuel Correa

La noticia voló. ¿Qué suceso no vuela en estos tiempos? «¡Se derrumbó el Saratoga!». «¡Explotó un hotel en La Habana!», se escribe, se dice, se escucha. Por experiencia propia, y por ser testigo del pensamiento de varias personas que estábamos juntas al saberlo, podemos dar fe de que no hay modo de que el supuesto primero en venirnos a la mente no haya sido: ¿Será una bomba?

No es casual que sea esta la idea que, antes que todas las posibles, se nos presente. Tampoco que periodistas que llegaron al sitio del siniestro informaran por diversas vías y con prontitud que no fue una bomba, sino un accidente.

No suele ver Cuba sucesos de este tipo. No está acostumbrado el pueblo cubano a atestiguar incidentes nefastos como este que ha derribado al hotel Saratoga, debido a un accidente. Hotel más derrumbe remiten al cubano, conocedor de su historia, a pensar en otros desastres, tristísimos, pero no accidentales, sino bien calculados y, posteriormente, perpetrados por Estados Unidos, detrás del mercenario capaz de ejecutarlos.

Cuba ha llorado un sinnúmero de actos terroristas venidos de su vecino del Norte, empeñado en frustrarle los avances, aniquilar su prosperidad, aislarla del mundo, opacarle el esplendor de su paz y su turismo.  El pueblo cubano ha sufrido por pérdidas materiales y humanas provocadas por estos actos, para los que muchas veces han seleccionado justamente estos recintos.

En julio de 1997 se colocaron explosivos en los hoteles Capri y Nacional. En ambos se produjeron daños materiales y en este último tres heridos. Los hoteles Chateau Miramar, Copacabana y el complejo hotelero Neptuno-Tritón fueron víctimas de detonaciones en septiembre del propio año. El explosivo del Copacabana le arrancó la vida al joven italiano Fabio di Celmo. En la noche del 4 de septiembre, fecha en que ocurrieron los hechos, el restaurante La Bodeguita del Medio fue también escenario de una explosión.

Fue este un accidente, y ante el dolor, no llora ni reacciona solo una porción habanera, donde ha acaecido este infortunio. Cuba, presta a la solidaridad y a esa maña lejanamente aprendida de querer poner su corazón cuando puede contribuir a paliar de algún modo el daño, se ofrece completa para lo que haga falta, para acompañar, para donar sangre, para poner su hombro.

Pronto sobraron compatriotas para trasladar a los niños de la escuela contigua hasta la Asamblea Nacional, ubicada frente al escenario del desastre. Ágiles fueron los brazos que pusieron a salvo a todos los pioneros, defendidos por seres que no conocen, pero que en ese momento habrían dado la vida por proteger sus pequeños cuerpos.

El pueblo estuvo allí, presto a ayudar, para lo que hiciera falta. Díaz- Canel y otros directivos en el lugar tampoco es cosa que asombra. Formados por la escuela de Fidel, sus rostros ven con ojos propios lo mismo cada obra que cada contingencia. Citar ejemplos sería redundar. Esa es Cuba, la que actúa según sus latidos. La que puede lo mismo aplaudir acompasadamente ante un hecho feliz, que disponerse, tras enjugar su rostro, a condolerse, rescatar y rehacer.