La rápida reconstrucción y la prosperidad de Europa tanto occidental como oriental en la posguerra se relacionó, entre otras cosas, con el ahorro del gasto militar facilitado porque Estados Unidos y la Unión Soviética asumieron la responsabilidad por la defensa colectiva de sus respectivas áreas de influencia, y aportaron el paraguas nuclear.

Con la excepción de Inglaterra y Francia, la situación se mantuvo durante toda la Guerra Fría cuando la perspectiva del enfrentamiento entre países fue desplazada por la confrontación entre los bloques (OTAN y Tratado de Varsovia) y entre los sistemas sociales y los modelos políticos implantados por el capitalismo y el socialismo, enfoque que confirió carácter ideológico, no de conquistas territoriales, escala mundial y entidad nuclear a la confrontación.

El colapso de la Unión Soviética que suprimió la confrontación este-oeste, relanzó la posibilidad de conflictos políticos y militares entre países y revivió fenómenos geopolíticos asociados a revanchas, separatismo y reclamaciones territoriales en Europa y Asia Central, lo cual tuvo expresión en eventos como la disolución de Yugoslavia y Checoslovaquia, así como litigios en los países ex soviéticos que no rebasaron escenarios locales y regionales.

En términos de guerra y paz la situación en Europa se volvió “bucólica”. Ningún país exageraba sus preocupaciones por la defensa porque no existía ningún enemigo creíble, Rusia lo más parecido, trataba a los europeos y a los estadounidenses de “socios”. Ningún país se preparaba para enfrentar la ofensiva de tanques rusos porque tal invasión no era previsible.

Poco después de que las tropas rusas forzaran las fronteras ucranianas, un presentador de la televisión alemana ZDF preguntó al general Egon Ramms, comandante las fuerzas de la OTAN en Alemania entre 2007 y 2010: “Si la Bundeswehr tuviera que defender nuestro país, ¿podría hacerlo?”. “No” fue su respuesta.

El enemigo en armas de Estados Unidos y Europa era Al Qaeda, el Talibán, el Estado Islámico (Daesh) y una larga lista de organizaciones terroristas. Las preocupaciones de seguridad, eran frenar a Irán para impedir que pudiera fabricar bombas atómicas, vigilar a Corea del Norte e impedir la proliferación nuclear. Tanta era la seguridad que, en 1994, Ucrania entregó a Rusia más dos mil armas nucleares a cambio de lo cual Estados Unidos, Reino Unido y Rusia firmaron el Memorándum de Budapest comprometiéndose a respetar las fronteras del país eslavo recién independizado.

Una conjunción de factores tales como problemas internos en Ucrania, separatismo en Donbass, insistencia de la OTAN en acercarse a las fronteras rusa y aspiraciones de Ucrania de ingresar en la Unión Europea y la OTAN, lo cual crearía lazos y obligaciones mutuas con Estados Unidos y plantearía problemas de seguridad para Rusia que occidente no quiso tener en cuenta, han dado lugar al mayor, más letal y desafortunado conflicto europeo en la posguerra.

En la Europa de hace unos años podían ocurrir, sin enemistades ni guerras, fenómenos como el cambio de régimen en una decena de países de Europa Oriental, la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania, el colapso soviético, el nacimiento de veinte nuevos estados y el Brexit británico sin disparar un tiro.

El Congreso de los Estados Unidos entre varias partidas, aprobó una por 40. 000. 000 millones de dólares para Ucrania y Alemania tomó la decisión de invertir en armas y aprestos militares cien mil millones de euros y tres países, baluartes del neutralismo: Suecia, Finlandia y Dinamarca deciden integrarse al mecanismo de defensa europeo liderado por la OTAN.

En toda la Guerra Fría, Alemania no gastó cien mil millones de euros en armas y ningún país, ni siquiera Israel, en un año, recibió ayuda militar de Estados Unidos por cuarenta mil millones de dólares.

Las armas de los fascistas sometieron a Europa, las de los aliados y los soviéticos la liberaron del yugo nazi y las de hoy pueden hundirla. Bajo la mirada indiferente y/o cómplice de la ONU, el Congreso de los Estados Unidos, el parlamento europeo, los partidos liberales y socialdemócratas, parte de la izquierda y segmentos de la opinión pública, que, como los asistentes al Coliseo Romano aprecian el espectáculo. Allá no vemos.

EUROPA RETROCESOS Y PELIGROS

 

El fin de la II Guerra Mundial que constituyó la mayor tragedia vivida por la humanidad, generó la necesidad de sanar heridas humanas y de una reconstrucción total de las infraestructuras y el patrimonio urbano, el restablecimiento de la industria y la economía en general, lo cual creó fuentes de empleo. La dinámica económica europea abrió una etapa de prosperidad que tuvo impacto global.

La posguerra fue una era positiva para todo el mundo que, además de auge económico, implicó importantes realizaciones políticas como fueron, la reinstalación de la democracia en una parte del Viejo Continente y del socialismo en la otra, a lo cual se sumaron descolonización afroasiática, la consolidación del orden internacional basado en la ONU, la coexistencia pacífica entre el capitalismo y el socialismo y la evolución que condujo a la Unión Europea.

Esos procesos extraordinariamente positivos fueron estorbados, aunque no impedidos por la Guerra Fría y la carrera armamentista, entre otras cosas porque Estados Unidos y la Unión Soviética que fueron los grandes adversarios, estaban lejos uno del otro y porque sus motivaciones eran sobre todo de carácter ideológico y político, asociadas más con el ejercicio de influencias, liderazgos y hegemonías que con aspiraciones de expansión territorial.

La reconstrucción material y el restablecimiento espiritual y moral de Europa, occidental y oriental fue posible, además de por la laboriosidad y la entereza moral de esos pueblos y la calidad de los liderazgos de la posguerra, por la ayuda de Estados Unidos y la URSS en los diferentes casos. El hecho   que, por medio de la OTAN y el Tratado de Varsovia, las potencias rivales asumieron la defensa de sus aliados, los exoneró de incurrir en gastos militares. Por mencionar un solo rubro, Europa, excepto Inglaterra y Francia nunca han realizado gastos asociados con las armas nucleares.

En los últimos treinta años debido al colapso de la Unión Soviética que implicó la disolución del Tratado de Varsovia, en Europa se desplegó una distensión que, sin ninguna amenaza estatal, permitió relajar las alertas militares, racionalizar el número de tropas, reducir la adquisición de armamentos avanzados y empequeñecer los gastos militares. Tan intenso fue ese clima que, en diferentes momentos, Rusia gestionó su ingreso en la OTAN y se involucró en importantes líneas de cooperación con la organización atlántica.

Contrario a esa tendencia general, desde 2014 a partir de sucesos políticos internos, diferencias con Rusia y aspiraciones de Ucrania de integrarse a Europa Occidental por medio del ingreso en la Unión Europea y la OTAN, lo cual aproximaba la alianza atlántica a las fronteras rusas, cosa inaceptable para Moscú, el clima político regional se deterioró significativamente.

De ese modo se llegó al momento actual caracterizado por la entrada masiva de tropas rusas en Ucrania que, con legitimidad, como haría cualquier país, amparado en la letra y el espíritu de los instrumentos internacionales comunes, especialmente en la Carta de la ONU, defiende la integridad de su territorio y la soberanía nacional.

No obstante, en cualquier caso y con cualquier fórmula que resulte aceptable para las partes, lo importante es detener el conflicto en lo cual parece vital la movilización de la ONU que pudiera, como sugiere Turquía, promover un encuentro entre los líderes de Rusia y Ucrania, crear una hoja de ruta para la paz u organizar una conferencia internacional de paz para Europa.

En Europa, con efectos mundiales, predomina hoy un clima prebélico en el cual la confrontación Rusia-OTAN, no solo es probable, sino que parece inminente. Allí donde solo hablan las armas, la guerra es un hecho y la paz una aspiración. Urgen soluciones. Allá nos vemos.