Por Alirio Almao

Un día hoy  9 de Julio pero de 1997 murió en la ciudad de La Habana el historiador, abogado, pedagogo y diplomático Francisco Pividal Padrón a la edad de 81 años, destacado intelectual revolucionario bolivariano, martiano y profundamente antiimperialista.

Paradójicamente ese mismo día todos los cubanos estaban en vilo, por la noticia de la “resurrección” de Ernesto Che Guevara, al confirmarse que eran suyos, los restos encontrados en Bolivia, 30 años después del fusilamiento del guerrillero heroico.
Tal coincidencia de acontecimientos eclipsó la desaparición física de quien fuera el principal organizador del Movimiento 26 de Julio en Venezuela, Primer Embajador designado por la Revolución Cubana, correspondiéndole organizar la primera gira al exterior del Comandante en Jefe Fidel Castro en su célebre visita a Caracas en enero de 1959. Pividal es autor de una intensa obra literaria sobre el pensamiento bolivariano, destacándose entre otras publicaciones el volumen “Bolívar: Pensamiento Precursor del Antiimperialismo”, premio Casa de las Américas en 1977.

A propósito del hallazgo de los restos de Guevara, el periodista Ángel Méndez escribió el libro “Cuando las Agencias de Noticias Resucitaron al Che”. Al usar el término eclipse, quiero darle a la frase el verdadero significado en su dimensión sideral y cósmica (ocultamiento transitorio de un astro, debido a la interposición de otro), porque efectivamente en los momentos cruciales de su existencia (muerte y resurrección), Pividal y el Che, como seres extraordinarios se pusieron de acuerdo en el viaje final, solapándose uno con el otro, para desde las alturas del más allá, continuar guiando con su ejemplo y sabiduría, las luchas por la definitiva liberación de los pueblos latinoamericanos y del mundo, hoy en rumbo cierto hacia ese objetivo.