Nadie discute que Taiwán es China y que los taiwaneses son chinos, incluso en Taiwán profesan la doctrina de “una sola china”

Cuando en 1960, el presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, visitó Taiwán, no se generó una crisis; tampoco la hubo cuando en 1979, con el mismo cargo que ostenta Nancy Pelosi, Newt Gingrich estuvo allí. Lo que ahora ocurre se debe a que son países diferentes. China es la segunda superpotencia mundial, incomparablemente más poderosa y más protagonista y capaz de rivalizar con Estados Unidos en todos los ámbitos.

No obstante, el examen de la crisis gestada por la visita de Nancy Pelosi, no debe obviar que China es el principal proveedor de manufacturas a Estados Unidos, que es el mejor cliente de China, estatus que ninguno de los dos quiere cambiar.

A diferencia de las demás que son ancestrales, China ha emergido como potencia en los últimos 60 años, principalmente a partir de 1960 cuando, al distanciarse de la Unión Soviética, realizó sus propios diseños políticos, eligiendo el desarrollo del “socialismo con características chinas”, el cual, con las reformas entronizadas por Deng Xiaoping, a partir de los años setenta, combinando preceptos socialistas con prácticas de mercado y de la economía liberal, probando entre otras cosas, el precepto dialéctico de que: “La verdad es mezcla”

Nadie discute que Taiwán es China y que los taiwaneses son chinos, incluso en Taiwán profesan la doctrina de “una sola china”, aunque con la pretensión de que ellos la reunificarán. Eso explica por qué, a pesar de haber sobrevivido y prosperado espectacularmente, la isla nunca se ha “autoproclamado” independiente, cosa que no me extrañaría que hiciera ahora.

Taiwán, una pequeña isla de 36.000 km² y 23 millones de habitantes, alcanzó notoriedad cuando en 1949, derrotado por las huestes de Mao Zedong, líder del Partido Comunista Chino, Chiang Kai-shek, dirigente del Kuomintang, el segundo partido político más importante en la historia china, que había sido aliado de Mao en la lucha contra los japoneses y que gobernó al país hasta 1949, derrotado se replegó a Taiwán, gobernando en calidad de dictador hasta su muerte en 1975, siendo relevado por su hijo, que se mantuvo en el poder hasta 1988.

En la posguerra Chiang Kai-shek, era una figura de relieve internacional que, debido al papel de China en la lucha contra los japoneses durante la II Guerra Mundial, en su calidad de gobernante de China, Chiang alternó con Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y Stalin, factores que lo convirtieron en uno de los Cinco Grandes, situación que permitió a China figurar entre los fundadores de la ONU y ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de la organización, condición que Taiwán usurpó hasta 1971.

En 1949 China no atacó Taiwán ni liquidó a Chiang porque este se instaló en la isla con un ejército de dos millones de hombres, porque probablemente no contaba con infraestructuras navales para una operación de tal envergadura y porque entre Taiwán y China, en el estrecho de Formosa de 185 kilómetros de ancho, se interpuso la escuadra americana, exactamente la Séptima Flota. China, que habitualmente escoge sus batallas, escogió esperar.

La espera dio frutos en 1971, como resultado de una larga lucha política y diplomática, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2758 que reconoció a la República Popular China como único representante de China y excluyó al gobierno de Taiwán, consagrando la existencia de una sola China, de la cual, no solo Taiwán, sino también Hong Kong y Macao forman parte.

La decisión permitió que la República Popular China accediera al Consejo de Seguridad de la ONU y adquiriera poder de veto. Actualmente 179 estados se han adherido a la doctrina de “Una sola China”, mientras 14 reconocen a Taiwán, cinco de ellos: Belice, Guatemala, Haití, Honduras y Paraguay son latinoamericanos.

Debido a que los reporteros y las agencias cubren eficientemente el quehacer noticioso asociado a los acontecimientos en torno a Taiwán, China y Estados Unidos y la crisis trilateral que los involucra, me concentraré en aspectos más generales, incluyendo un pronóstico acerca de que puede ocurrir. Ojalá los acontecimientos no se desmadren y haya tiempo para hacerlo. Así las cosas. Allá nos vemos.